El robo y el inicio del secuestro
El 16 de agosto de 1988, poco antes de las 8 a.m., los ladrones Hans‑Jürgen Rösner (31 años) y Dieter Degowski (32 años) asaltaron una sucursal del banco en Gladbeck, Renania del Norte‑Westfalia. Al ser rodeados por la policía tomaron como rehenes a dos empleados y, durante la noche, lograron escapar con ellos y con un vehículo.
Rösner recogió a su novia, Marion Löblich, en un apartamento de Gladbeck y, tras deambular sin rumbo por la zona del Ruhr, decidieron dirigirse a Bremen, ciudad natal de Löblich.
La policía de Bremen pierde la primera oportunidad de intervención
El 17 de agosto, en el distrito de Vegesack (Bremen), Rösner y Löblich paseaban tranquilamente por la zona peatonal mientras Degowski permanecía en el coche con los rehenes. La policía los había localizado y observó que Degowski abandonó el vehículo para ir al baño, una ocasión única para intervenir sin riesgo de derramamiento de sangre. Sin embargo, nadie dio la orden de acceso; los agentes permanecieron paralizados y los criminales escaparon nuevamente con los rehenes.
Poco después, alrededor de las 19 h, en el barrio de Huckelriede, secuestraron el autobús número 53, tomando como rehenes a otras 32 personas.
“Conferencia de prensa” de los secuestradores frente al autobús
Sin intervención policial, Rösner respondió a los periodistas que se agolpaban alrededor del autobús. El espectáculo se volvió público: no había barreras y los dos asaltantes parecían disfrutar de la atención mediática. Rösner realizó una “conferencia de prensa”, presentando a su cómplice Degowski como “extremadamente peligroso”. Relató su infancia en centros de reforma y sus 13 años de prisión, declarando que, antes de volver a la cárcel, dispararía a todos los rehenes y a sí mismo. Cuando le preguntaron por qué debía morir gente inocente, respondió con indiferencia: “No puedo ayudar a eso”.
Negociaciones frustradas
Los secuestradores intentaron negociar con la policía, pero sus propuestas fueron ignoradas. La alta dirección de la policía de Bremen parecía no asumir responsabilidad; la fuerza operaba sin un plan de emergencia y sin coordinación. Rösner, cada vez más agresivo, amenazó con su pistola a la niña de ocho años, Tatiana de Giorgi, que viajaba con su hermano Emanuele, y disparó al aire cuando sospechó la presencia de francotiradores. Cuando oscureció, el autobús reanudó su marcha.
El espectáculo mediático
El autobús, perseguido por la policía, avanzó por la autopista mientras una horda de reporteros lo seguía. Un agente policial perdió la vida en un accidente de tráfico durante la persecución. A las 23 h aproximadamente, el vehículo se detuvo en la área de servicio de Grundbergsee (A1, cerca de Sottrum, Baja Sajonia). Allí, la novia de Rösner pidió usar el baño.
Silke Bischoff, de 18 años, fue una de las tres víctimas secuestradas. Los periodistas, nuevamente, intentaron negociar con los asaltantes para liberar a los dos rehenes agotados del banco de Gladbeck. Mientras tanto, otros rehenes eran obligados a conceder entrevistas. Ante la cámara, un reportero preguntó a Silke: “¿Cómo se siente con una pistola contra el cuello?”. La joven, amenazada por Degowski, sonrió forzadamente y respondió que estaba “bastante bien” y que no creía que el tirador dispararía.
Escalada mortal en Grundbergsee
En el baño, la policía detuvo a Löblich y la arrestó sin una orden clara, lo que provocó la furia de Rösner. Exigió la liberación de su novia en cinco minutos bajo la amenaza de matar a un rehén. La policía accedió, pero la llave de las esposas se rompió, retrasando la liberación. Degowski entonces disparó a tiros la cabeza del de 15 años, Emanuele de Giorgi, frente a su hermana menor. Los reporteros sacaron al chico herido del autobús y uno de ellos sostuvo su cabeza frente a la cámara. La falta de una ambulancia en el lugar provocó que Emanuele muriera por hemorragia.
El desenlace en Bad Honnef y la muerte de una rehén
Sin control, el autobús volvió a circular, ahora rumbo a los Países Bajos, donde los secuestradores cambiaron el autobús por un BMW preparado por la policía y liberaron a la mayoría de los rehenes. Sin embargo, dos jóvenes de Bremen, Silke Bischoff e Ines Voitle, permanecieron cautivas.
El convoy regresó a Alemania, pasó por Wuppertal (donde adquirieron estimulantes en una farmacia) y siguió a Colonia. Allí, rodeados de curiosos y periodistas, los criminales concedieron más entrevistas antes de tomar la autopista A3 con destino a Frankfurt. Al mediodía, cerca de Bad Honnef, un intento de rescate policial terminó en tragedia: Silke Bischoff recibió un disparo mortal de la pistola de Rösner. Ines Voitle logró saltar del coche y salió ilesa.
Consecuencias políticas
El episodio provocó una ola de críticas a nivel nacional. Ante la evidente desorganización de la policía de Bremen, la oposición (CDU, FDP y Verdes) exigió la renuncia del senador del Interior, Bernd Meyer, ex‑policía. Meyer asumió la responsabilidad política y prometió reformas, pero se negó a dimitir.
El Senado de Bremen encargó al ex fiscal general Günther Wendisch que investigara la actuación policial. Su informe de octubre concluyó que la operación fue caótica por graves errores de mando, especialmente la falta de prevención del secuestro del autobús y la ausencia de una ambulancia en Grundbergsee. Ante estas conclusiones, el alcalde Klaus Wedemeier no pudo mantener a Meyer, quien renunció un mes después como parte de un reshuffle de gabinete.
Sentencias y posteriores desarrollos
El 22 de marzo de 1991, Rösner y Degowski fueron condenados a cadena perpetua. En una audiencia el 14 de agosto de 2013, el tribunal decidió flexibilizar la pena de Degowski, permitiéndole salidas diurnas en 2017 y su puesta en libertad en febrero de 2018, tras casi 30 años de prisión.
Rösner, por su parte, se negó a someterse a terapia. Aunque su liberación habría sido legalmente posible en 2016, se le impuso medida de seguridad preventiva que sigue vigente.