Introducción
Hoy nos adentramos en la vida de un personaje singular de la antigua Hispania: Corocotta. Fue el líder cántabro más conocido durante las guerras que enfrentaron a este pueblo indómito contra Roma.
¿Quiénes eran los cántabros?
Los cántabros habitaban la actual Cantabria y parte de Burgos, Asturias y el País Vasco. Eran guerreros de élite, comparables a los mercenarios de Aníbal Barca, y su estilo de vida fue descrito por Cayo Cayo el Viejo en su obra Orígenes (195 a.C.). El geógrafo Estrabón los describía como una gente que causaba constantes dolores de cabeza a Augusto:
«…Se alimentan, dos veces al año, de bellotas que secan, muelen y convierten en pan. Preparan una bebida de cebada, escasea el vino y, cuando llega, lo consumen en banquetes familiares. Usan mantequilla en lugar de aceite, comen sentados en bancos incrustados en las paredes y, mientras se sirve la bebida, bailan al son de gaitas y flautas. Visten de negro, duermen sobre mantas de hierba, utilizan vasijas de cera como los celtas y las mujeres visten ropas de colores floridos o rosados. No emplean moneda, sino trueques o recortes de plata. Los condenados a muerte son arrojados desde rocas y los parricidas son cubiertos con piedras fuera de sus fronteras o ríos. Los matrimonios siguen el modelo griego y los enfermos son expuestos al público como en Egipto para recibir consejos de curanderos. Sus costumbres rústicas y feroces provienen tanto de la guerra como del aislamiento geográfico, que les priva de comunicación, sociedad y, en cierta medida, de humanidad. Se lavan con orina fermentada, hombres y mujeres se cepillan los dientes con ella, y, según la leyenda, algunos cantábricos cantaban alegremente al ser crucificados, mostrando su valentía. Preparan un veneno activo a base de una hierba similar al apio, capaz de matar sin dolor, y lo guardan para cualquier adversidad, especialmente si caen en manos de los romanos…»
Las Guerras Cántabras
Durante las dos guerras civiles, las tierras de los astures y cantábricos quedaron al margen de los principales combates. Se trataba de territorios bárbaros fuera de los límites de la República, aunque se sabe que grupos de caballería cántabra participaron en la guerra civil al incorporarse a las cohortes hispánicas de los legados de Pompeyo en la batalla de Ilerda (49 a.C.).
En 26 a.C., coincidiendo con la nueva distribución provincial de Hispania (desaparición de Hispania Ulterior y Citerior y creación de Lusitania, Bética y Tarraconense), Augusto tomó el control de la zona. La motivación exacta de Roma para intervenir sigue sin estar clara, pero la reciente extracción de oro en Las Médulas (León) y los habituales saqueos cántabros a sus vecinos bajo dominio romano proporcionaron un pretexto suficiente para abrir el templo de Jano y lanzar la campaña.
Corocotta: mito y realidad
La figura de Corocotta está rodeada de incertidumbre. Para muchos es el héroe nacional cántabro, un rebelde indómito que hostigó al Imperio durante más de siete años. Sin embargo, existen dos grandes corrientes historiográficas que intentan explicar su origen y su destino.
Primera tesis: líder nativo cántabro
Según el hispanista alemán del siglo XIX Adoff Schulten, Corocotta unificó las tribus cántabras (principalmente los orgenomescos, vadinos y concanos) y encabezó la resistencia entre 26 y 19 a.C. Roma puso una recompensa de 200.000 sestercios por su cabeza. Un día, un bárbaro desaliñado se presentó ante Augusto para cobrar el premio. El príncipe, sorprendido, le preguntó por el líder cántabro y el hombre respondió: «Aquí estoy, soy Corocotta; págame lo que me debes». Augusto, impresionado por su audacia, le entregó la recompensa y lo dejó en libertad.
Segunda tesis: bandido norteafricano
Una interpretación más reciente cuestiona la versión de Schulten:
- Dión Casio menciona a Corocotta sólo en un panegírico a la clemencia de Augusto, no en sus crónicas de la guerra cántabra.
- En el texto lo describe como un bandido en Hispania, no como un cántabro, lo que sugiere un origen extranjero.
- Augusto pasaba la mayor parte de la campaña en el pretorio de Tarraco; su salud era delicada y sus médicos le aconsejaban reposo. Resulta poco probable que un líder cántabro atravesara una provincia en guerra para reclamar una recompensa.
- Acercarse a un magistrado romano para exigir un premio parece más propio de un bandido que de un patriota idealista.
- El nombre “Corocotta” es una latinización del griego Krokóttas, que designa al chacal, un animal típico del norte de África. Un documento tardío hallado cerca de Cartago menciona a un M. Grunio Corocotta, lo que sugiere una posible procedencia africana.
El desenlace de la guerra
Tras el encuentro con Augusto, se desconoce el destino de Corocotta. La guerra terminó en 19 a.C. y los últimos cántabros que no se rindieron tuvieron un final trágico. Dión Casio relata:
«No se tomaron muchos prisioneros cántabros; al perder la esperanza de libertad, prefirieron quemar sus aldeas, cortarse la garganta o ingerir un veneno consensuado, de modo que la mayor parte de los más belicosos pereció. Los astures, una vez rodeados y derrotados, se sometieron sin más resistencia».
Recomendación de lectura
Para quienes deseen sumergirse en esta época legendaria, se recomienda la novela histórica El Último Soldurio de Javier Lorenzo, cuyo protagonista es este enigmático personaje, ya sea bandido o héroe.
Eighth installment of “Archienemigos de Roma”. Colaboración de Gabriel Castelló.