Historia de Europa

La rebelión de Sertorio y su trágico final: la famélica historia de Calahorra

Orígenes y primeros triunfos de Quintus Sertorius

Quinto Sertorio nació en 122 a.C. en la región sabina, en la ciudad de Nursia (actual Norcia, Italia). Era sobrino de Gayo Mario y se destacó bajo su mando en Numidia y contra los cimbrios y teutones. Por su valor fue nombrado tribuno en 97 a.C. y enviado a la siempre rebelde Hispania, donde, bajo las órdenes del pretor Tito Didio, sofocó una insurrección indígena en Isturgi (Los Villares de Andújar, Jaén). Tras una sangrienta masacre contra la guarnición romana, Sertorio y unos pocos sobrevivientes escaparon, organizaron una contraofensiva y recibieron la corona de hierba por su audacia.

La rebelión de Sertorio y su trágico final: la famélica historia de Calahorra

Servicio bajo Mario y el conflicto con Sila

En 90 a.C. Sertorio se desempeñó como cuestor en la Galia Cisalpina y, más tarde, como legado de su tío durante la guerra de los socios italianos. Fue allí donde perdió probablemente un ojo. Cuando Mario entró en guerra directa contra Lucio Cornelio Sila, Sertorio comandó una de las cuatro legiones que ayudaron a Mario a tomar Roma.

En 83 a.C. fue enviado como pretor a Hispania Citerior. Al llegar Sila, temiendo su destino en Roma, Sertorio se rebeló contra el dictador. El reemplazo de Sertorio, Gayo Valerio Flaco, entró en la península mediante la traición de un esclavo de Livio Salinator, pero fue derrotado.

Exilio en Mauritania y regreso a Hispania

Derrotado, Sertorio abandonó Hispania en 81 a.C. y se refugió en Mauritania con tres mil seguidores. Según Plutarco, tomó la ciudad de Tingis (actual Tánger) y llegó hasta las Islas Canarias, estableciendo contactos con los piratas cilicios que más tarde le proporcionarían apoyo naval.

En el 80 a.C. una legión lusitana buscó a Sertorio en la costa mauritana. Aceptó la propuesta y, con una pequeña fuerza de romanos y jinetes mauritanos, desembarcó cerca de Tarifa, logrando victorias decisivas contra el gobernador de Hispania Ulterior.

Consolidación del poder y la creación de un “senado” rival

Pronto su ejército creció: 4.000 hombres y 700 jinetes lusitanos se sumaron a sus filas. Tras una gran victoria sobre el propraetor Lucio Fudidio en el Guadalquivir, Sertorio se consolidó como líder de la revuelta. El general de Sila, Quinto Cecilio Metelo Pío, movilizó casi 40.000 soldados, pero Sertorio respondió sin pretender el título de proconsul; mantuvo la legalidad y fundó en Osca (Huesca) un senado paralelo con los refugiados de las purgas de Sila, redujo impuestos y concedió ciudadanía romana a las élites locales.

La rebelión de Sertorio y su trágico final: la famélica historia de Calahorra

Una curiosa anécdota cuenta que un pastor lusitano le regaló a Sertorio una cierva blanca extremadamente dócil, que él presentaba como mensajera de la diosa Ataecina (Diana) para ganarse la confianza de sus tropas.

Los grandes enfrentamientos contra Pompeyo y Metelo

Entre 79 y 76 a.C. Sertorio controló casi toda Hispania Citerior y la parte lusitana de Ulterior. En 77 a.C. el aristócrata Marco Perpenna Vento, al llegar con 56 cohortes, desertó a Sertorio, incrementando su ejército a unos 70.000 hombres. Sulla envió entonces a Gneo Pompeyo como proconsul con 30.000 legionarios y 20.000 auxiliares. Pompeyo sufrió derrotas en Lauro y Valentia, pero la batalla de Sucrón (cerca de Sagunto) terminó en un empate sangriento.

En 75 a.C. la muerte del legado lusitano Lucio Hirtuleyo a manos de Metelo debilitó al rival. Sin embargo, la llegada de Pompeyo con refuerzos en 74 a.C. marcó el comienzo del declive de Sertorio. Tras una serie de batallas desfavorables y la creciente desconfianza entre sus seguidores, Sertorio tomó decisiones cada vez más autoritarias, llegando a ordenar la ejecución de los jóvenes de la academia que había fundado.

La conspiración y el asesinato

En la primavera de 72 a.C., Marco Perpenna, junto a otros colaboradores íntimos, conspiró contra Sertorio. Lo atrajeron a un banquete en Osca y, bajo la excusa de una falsa victoria, lo apuñalaron. Plutarco relata que Antonio fue el primero en atacar, seguido por Octavio Graecino, Aufidio, Fabio, Prisco y el propio Perpenna.

La rebelión de Sertorio y su trágico final: la famélica historia de Calahorra

El traidor intentó negociar su vida entregando correspondencia de Sertorio a Pompeyo, pero el joven general ordenó su ejecución y quemó los documentos.

La “fama calagurritana”

La rebelión no murió con su líder. Ciudades leales como Tiermes, Uxama, Clunia y, sobre todo, Calagurris (actual Calahorra) resistieron. Tras un largo asedio, la población de Calagurris, sin alimentos, recurrió al canibalismo antes de rendirse. Esa obstinación extrema quedó conocida en la época imperial como la fames calagurritana (“hambre de Calahorra”). Finalmente, la ciudad se entregó a Lucio Afranio mientras Pompeyo partía hacia Italia para sofocar la revuelta de esclavos liderada por Espartaco.

Legado de Sertorio

Sertorio sufrió una damnatio memoriae: Cayo Dión y Apiano lo vilipendiaron, mientras que Plutarco elogió su genio guerrillero. Fue, sin duda, un estratega capaz de desafiar la maquinaria militar romana con recursos limitados. Su trágico final refleja la imposibilidad de convertir una serie de victorias parciales en una victoria total.

Colaboración de Gabriel Castelló, autor de "Achienemigos de Roma"