Historia de Europa

Los chistes que conquistaron a las civilizaciones de la Antigüedad

Hace tiempo comentamos cuál podría ser el chiste más antiguo de la humanidad; ahora nos sumergimos en los humorísticos relatos que triunfaron en las grandes civilizaciones de la Antigüedad. Como todo humor, su gracia depende del contexto y la cultura, pero sigue resultando sorprendente.

Sumerios

Los sumerios dejaron algunos de los ejemplos más tempranos de humor. Además de sus tratados morales, redactaron obras con una ironía sutil, como el Tratado del Justo Sufrido, donde un hombre es acosado por los dioses que le infligen calamidades mientras él las soporta con resignación. No está claro si la burla recae en el pobre personaje o en los dioses, pero la combinación de frases sensatas y mordaces es evidente:

«Le prestan dinero y preocupaciones al pobre».

«Sería mejor que el pobre muriera; si tiene pan, no tiene sal; si tiene sal, no tiene pan; si tiene carne, no tiene cordero; si tiene cordero… no tiene carne».

También abundan proverbios humorísticos, por ejemplo:

«Está tan sucio que no sabes quién es el asno y quién el novio».

«El sirviente siempre lleva una falda sucia».

«Mientes o dices la verdad, los demás los contarán como mentiras».

En una fábula popular, un zorro pisa a un buey y le dice: «¡Ups, perdón! ¿Te hice daño?». En la tradición sumeria, el zorro representa la astucia, la arrogancia e, incluso, el cobardía.

Los banquetes de boda eran otra ocasión para la risa. Tras varios jarras de cerveza, los invitados recitaban poemas burlones como:

«Por placer, matrimonio… y después, divorcio».

«Corazón alegre: la novia; corazón pesado: el novio».

Y, por supuesto, el chiste más antiguo que se conserva:

«Nunca se vio en tierras de cabezas negras (sumerios) una joven delicada que se enrosca en el regazo de su amante».

Un chiste escatológico que demuestra que, en cuanto a humor, no hemos cambiado mucho en 4.000 años.

Los chistes que conquistaron a las civilizaciones de la Antigüedad

Egipto

En el Papiro Westcar, un manuscrito de la época hicsa (entre 1650 y 1540 a.C.) conservado en el Museo Egipcio de Berlín, encontramos una broma que sigue siendo graciosa:

«¿Cómo entretener a un faraón aburrido? Llevarlo en una barca cargada de jóvenes vestidas solo con redes de pesca por el Nilo y pedirle que vaya a pescar».

Otro chiste que circuló en los talleres de embalsamadores de Alejandría:

«Un hombre lleva el cuerpo de su difunto padre a los embalsamadores. Al preguntar por alguna señal distintiva, responde: “Una tos muy mala”.»

Grecia

Un amigo dice a un filósofo: «¡Felicidades! Escuché que tu esposa tuvo un hijo». El filósofo, con su típica expresión inexpresiva, responde: «Sí, gracias a amigos como tú».

Una adivina le dice a un hombre: «Eres incapaz de tener hijos». Él responde que tiene 7 años; la adivina replica: «¿Ah sí? Pues míralos bien».

Un abderita (habitante de Abdera, famosa por su torpeza) duerme con su abuela, es sorprendido por su padre y lo golpea. Entre sollozos, el hijo protesta: «¡Tú te acostaste con mi madre muchas veces y nunca dije nada! ¿Por qué me golpeas por acostarme solo una vez con la tuya?»

Roma

Un ciudadano entra en una casa de prostitución y le pregunta al leno (propietario) cuánto cobra por una esclava negra. Al parecerle caro, vuelve a preguntar: «¿Y cuál es su tarifa por la noche?»

En la obra Saturnalia de Macrobio, se relata una anécdota que ilustra el ingenio romano:

«Cuando Augusto vio a un hombre que se parecía mucho a César, lo hizo presentar ante él y le preguntó: “Dime, joven, ¿tu madre estuvo alguna vez en Roma?”. El respondió que no, pero añadió: “¡Pero mi padre sí, muchas veces!”»

Y, para cerrar, una reflexión que ha perdurado:

«No te tomes la vida demasiado en serio; nunca saldrás vivo de ella».

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