Antecedentes del sionismo y la creación de Israel
Impulsado por el antisemitismo que sufrían los judíos en Europa, a principios del siglo XX el movimiento sionista fundado por Theodor Herzl buscó la reubicación del pueblo judío disperso por el mundo, eligiendo Palestina como su hogar histórico. La zona, entre el río Jordán y el Mediterráneo, estaba bajo dominio del Imperio Otomano desde 1517 y habitada mayoritariamente por árabes. La inmigración judía, alentada por la ideología sionista, empezó a crecer rápidamente.

En 1917, durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno británico emitió la Declaración Balfour, prometiendo un "hogar nacional" para los judíos en Palestina. Tras la caída del Imperio Otomano, la Sociedad de Naciones concedió a Gran Bretaña el mandato sobre el territorio. Las aspiraciones sionistas y el nacionalismo árabe chocaron, desencadenando enfrentamientos que se intensificarían con la llegada de Adolf Hitler al poder y la posterior ola de refugiados judíos.
En 1947 la ONU propuso dividir el Mandato en dos estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional. Los judíos aceptaron el plan; los árabes lo rechazaron. El 14 de mayo de 1948 David Ben‑Gurión proclamó la independencia del Estado de Israel y, al día siguiente, una coalición de países árabes inició la primera guerra árabe‑israelí, inaugurando una serie de conflictos que perduran hasta hoy.
El origen remoto del conflicto: la revuelta de Bar Kokhba (135 d.C.)
Si la fundación de Israel encendió la mecha, el verdadero detonante se remonta al año 135, cuando el emperador romano Hadrián reprimió la revuelta judía liderada por Simón bar Kokhba. Kokhba, apoyado por el sabio rabínico Akiva ben Yosef, se proclamó Mesías y buscó restaurar la independencia de Judea tras la destrucción del Templo en el 70 d.C.

Simón bar Kokhba (שמעון בן כוסבא) recibió su nombre del arameo Bar Kokhba («hijo de una estrella»), una referencia al versículo bíblico Números 24:17. Akiva lo presentó como el verdadero Mesías que liberaría al pueblo judío de la opresión romana.
Tras la captura de Jerusalén por Tito en el 70 d.C., la relación entre Roma y los judíos se volvió tensa: el Templo fue incendiado, sus tesoros llevados a Roma como botín, y el Sanedrín trasladado a Yavne. La provincia de Judea quedó bajo la custodia de la Legión X Fretensis, una suerte de ley marcial.

En el 132 d.C., Hadrián decidió reconstruir la ciudad bajo el nombre de Aelia Capitolina y, para “civilizar” a los judíos, prohibió la circuncisión, el sábado y otras prácticas religiosas. Akiva intentó negociar con el pretor romano Turnus Rufo, pero fue rechazado. La revuelta estalló cuando Kokhba, indignado, convocó al Sanedrín y a los líderes judíos.
La insurgencia se extendió rápidamente: Kokhba tomó el control de la mayor parte de Judea, emitió monedas con la inscripción «Época de la Redención de Israel» y se autoproclamó Nasí (príncipe de Israel). Roma, sorprendida, tardó dos años y medio en movilizar doce legiones bajo el mando del experimentado general Julius Severo, entonces gobernador de Britania.
En el verano de 135 d.C., las tropas romanas rodearon Jerusalén y, tras una brutal toma, capturaron a Akiva, quien fue torturado y ejecutado en Cesárea. La revuelta culminó con el asedio a la fortaleza de Betar, donde Kokhba murió defendiendo su causa. Según el historiador romano Cassio Dión, la guerra dejó aproximadamente 580 000 judíos muertos y la destrucción de cincuenta ciudades y 985 aldeas.

Tras la victoria, Hadrián borró la provincia de Judea, rebautizándola como Siria Palaestina —un nombre que evocaba a los filisteos, antiguos enemigos de los judíos— y prohibió la entrada de judíos a Aelia Capitolina. Además, ordenó la quema de los rollos de la Torá y del calendario judío, y erigió estatuas de Júpiter en el Monte del Templo.
Legado histórico
El brutal fin de la revuelta de Bar Kokhba marcó el inicio de la diáspora judía y la desaparición de Judea como entidad política. El cambio de nombre a Palestina y la prohibición de la práctica religiosa sentaron bases que, siglos después, influirían en la configuración del conflicto entre judíos y árabes en la región.
En resumen, el verano sangriento de 135 d.C., provocado por la represión de Adriano, inició la diáspora judía y borró del mapa la provincia de Judea, incorporándola a la región que hoy conocemos como Palestina.
Fuentes: Israeli‑Palestinian Conflict, Archenemies of Rome