El testamento de Carlos II designó a Felipe de Anjou como sucesor del trono español bajo el nombre de Felipe V, imponiendo la renuncia al trono francés para evitar la unión de ambas coronas. Sin embargo, Luis XIV concedió en febrero de 1701 al Parlamento de París cartas patentes que nombraban a Felipe heredero de Francia, provocando la protesta del emperador Leopoldo I de Austria y la preocupación de Holanda e Inglaterra, que temían el surgimiento de una nueva potencia. En respuesta, Luis XIV ocupó los fuertes de la frontera de Flandes española, bajo la custodia de tropas holandesas según el Tratado de Rijswijk (1697).
Inicio de la Guerra de Sucesión Española
La Guerra de Sucesión (1701‑1714) se considera uno de los primeros grandes conflictos europeos de la Edad Moderna, extendiéndose desde la península ibérica hasta el Mar del Norte. Austria, Inglaterra y Holanda firmaron la Gran Alianza de La Haya (7 septiembre 1701) contra Luis XIV; Portugal y Saboya se sumaron en 1703.
En 1702 Felipe V se trasladó a Italia para sofocar la revuelta napolitana, lo que permitió a la facción austriaca organizar una conspiración que involucró al conde de Melgar. Su regreso a España coincidió con intrigas en la corte de la reina María Luisa, que actuaba como regente. Como consecuencia, los influyentes Portocarrero y Arias fueron expulsados y la influencia de Luis XIV en la política española se reforzó.
Los Habsburgo proclamaron al archiduque Carlos de Austria como Carlos III de España (12 septiembre 1703), con el respaldo de los aliados en Viena. Portugal reconoció a Carlos como sucesor legítimo (7 mayo 1704) y difundió un manifiesto contra los derechos de Felipe.
El conflicto en la península comenzó con campañas en Portugal (1704‑1705), donde se enfrentaron fuerzas austriacas y borbónicas. Los partidarios de Carlos lograron posiciones en Andalucía, Levante, Cataluña y Nápoles. Gibraltar cayó en manos inglesas el 4 agosto 1704. El apoyo a la causa austriaca se extendió en los territorios de la antigua Corona de Aragón gracias al conde de Cifuentes; tras un intento fallido en Cádiz, se obtuvo apoyo en Denia, donde Carlos fue proclamado rey (8 agosto 1705), avanzando hasta la captura de Valencia (16 diciembre).
Reinado de Felipe V
Durante sus primeros años, Felipe V impulsó una reforma político‑administrativa que creó tribunales provinciales y intendencias, estructurando el territorio español. Se establecieron dos departamentos (análogos a los actuales ministerios) que, a partir de 1714, se ampliaron a cuatro: Estado, Guerra y Marina, Gracia y Justicia, e Indias.
En 1706, rodeó Barcelona con tropas ante el avance aliado y la amenaza a Madrid, pero decidió levantar el asedio y trasladarse a la corte. Tras victorias en Plasencia, Navalmoral, Almaraz y Ciudad Rodrigo, la corte se instaló en Guadalajara. Parte de la alta nobleza (condes de Gálvez, Oropesa, Haro y Lemos) reconoció a Carlos III. Las tropas austriacas entraron en Madrid (25 junio 1706) y obligaron al corregidor marqués de Fuente-Pelayo y al ayuntamiento a jurar lealtad a Carlos. Algunas ciudades castellanas recibieron al ejército carlista sin entusiasmo, mientras la corte de Felipe V se trasladó a Burgos.
Avance de las tropas de Felipe V
El apoyo militar permitió a Felipe V recuperar posiciones y, con el respaldo popular, ser aclamado nuevamente en Madrid (4 agosto 1706). En 1710, durante los dos meses que Carlos ocupó la capital, se proclamó a Carlos III. La victoria en la batalla de Almansa (25 abril 1707) abrió las puertas de Valencia a los borbónicos (8 mayo), y el duque de Orleans capturó Zaragoza mientras tropas francesas bajo Noailles entraban en el Empordà. Almansa también sirvió como pretexto para suprimir los particularismos regionales mediante los Decretos de Nueva Planta (29 junio 1707), que abolieron instituciones propias de Aragón y Valencia y homogenizaron la legislación bajo el modelo castellano.
Las decisivas batallas de Brihuega (9 diciembre 1710) y Villaviciosa (10 diciembre 1710) impidieron, al menos temporalmente, una ofensiva final sobre Cataluña.
Pérdida del apoyo internacional
La situación internacional se inclinaba hacia la negociación de paz. El archiduque Carlos abandonó Barcelona (1711) para ser coronado emperador en Frankfurt como Carlos VI (diciembre 1711). Los catalanes, sin apoyo externo pero animados por la Generalitat, resistieron hasta la caída de Barcelona (13 septiembre 1714). Se nombró una Junta de Gobierno encabezada por José Patiño. En 1716 se promulgó el Decreto de Nueva Planta para Cataluña, equiparando su administración a la castellana, como ya había ocurrido en Aragón y Valencia.
Mientras los borbónicos ganaban terreno en España, Luis XIV sufría reveses en los frentes europeos de Holanda e Italia. A ello se sumaron crisis agrícolas y demográficas (1708‑1710) que debilitaron las economías española y francesa, limitando las operaciones militares en la península en 1709 y provocando el retorno de tropas y generales franceses a su país bajo presión aliada.
Fin de la Guerra de Sucesión
El conflicto concluyó con los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714).
En Utrecht se firmaron varios acuerdos para poner fin a la guerra: el Reino Unido, Prusia y Saboya firmaron paz con Francia en marzo; España y el Reino Unido ratificaron el convenio (10 julio 1713) y, poco después, España pactó la paz con Saboya (13 agosto). Los tratados establecieron, entre otros aspectos, el reconocimiento de Felipe V como rey de España bajo la condición de renunciar formalmente a la Corona de Francia; la cesión de territorios españoles al Reino Unido, al Emperador y a Saboya; y el monopolio comercial inglés en América española mediante el llamado «asiento de negros».
En Rastatt (1714) se confirmó Utrecht y se firmaron acuerdos entre España, el Reino Unido y Austria para retirar las tropas extranjeras de Cataluña a cambio de una amnistía prometida por Felipe V a los catalanes, aunque sin preservar sus privilegios. Con Holanda se firmó la Paz de El Pardo (26 junio 1714) y se alcanzó un nuevo acuerdo con Portugal (6 febrero 1715).
Situación de Europa tras la guerra
El revisionismo español puso a prueba los Tratados de Utrecht y Rastatt, considerados “tratados de inspiración británica” que ofrecieron una paz provisional ante el agotamiento de los beligerantes. Tras la muerte de Luis XIV (1 septiembre 1715) se inició un período diplomático confuso. Felipe V y Carlos VI de Austria diseñaron políticas mediterráneas centradas en Italia. En este contexto, la política española en la península itálica estuvo marcada por la influencia del cardenal italiano Giulio Alberoni, principal consejero de Felipe V.
