Historia de Europa

El capitán ladrón: el saqueo de Patras y la intervención extranjera

El capitán ladrón: el saqueo de Patras y la intervención extranjera

Contexto histórico

Durante el reinado de Otto, Grecia vivía una época de caos total: presiones externas, humillaciones diplomáticas, dificultades económicas, una serie de revueltas y una profunda corrupción política que, en algunos casos, terminaba en robos.

El alzamiento de Nikolaos Mereditis

Nikolaos Mereditis, capitán del Batallón de Milicia de Patras y veterano de la lucha de 1821, pertenecía al llamado "Partido Francés" y era protegido del entonces primer ministro Ioannis Kolettis. Al enterarse de su inminente traslado a Trípoli, Mereditis incitó a los soldados de dos compañías del batallón a seguirlo, argumentando motivos políticos.

El asalto al banco y a la aduana

Con sus seguidores tomó el control de Patras, arrestó a su superior y, como si fuera un caballero ladrón, robó el banco municipal, llevándose 25 000 dracmas. Después se apoderó de 32 000 dracmas de la oficina de aduanas y exigió el resto del tesoro público para evitar mayores daños a la ciudad.

El papel del cónsul británico

El terror se mantuvo durante cinco días; nadie se atrevía a salir de sus casas. Mereditis elevó sus demandas a 250 000 dracmas, pero el cónsul británico lo persuadió de reducir la cifra a alrededor de 90 000 dracmas, prometiéndole a cambio un barco británico para abandonar la ciudad.

El desenlace

Antes de que pudiera decidir, fuerzas militares y voluntarios enviados por el gobierno atacaron a Mereditis y sus hombres. Se produjeron intensos combates en las calles de Patras; la mayoría de los seguidores del capitán fueron muertos. Solo uno logró ser capturado, pero, curiosamente, escapó con la mayor parte del botín a bordo del barco británico prometido.

El gobierno griego exigió la entrega de Mereditis y del dinero, pero el diplomático británico se negó. Finalmente, Mereditis y sus compañeros llegaron a Malta, mientras que los británicos se quedaron con el botín y presentaron una carta de protesta a Otto, alegando que el fuego griego había dañado las embarcaciones que transportaban a los fugitivos.

Este episodio, típico de la época, se enmarca dentro de la controvertida “cuestión de Mussouro”, una disputa entre Grecia y el Imperio Otomano en la que Gran Bretaña jugó un papel decisivo.