Historia de Europa

¿Por qué los romanos sacrificaban a los perros guardianes del Capitolio el 18 de julio?

En el siglo IV a.C., Roma era una joven república situada en el centro de la península itálica, cuya única vía de expansión era someter a los pueblos vecinos: etruscos, samnitas, aequinos y volscos.

La amenaza gala

En 391 a.C. los senones, una tribu gala liderada por el rey Breno, cruzaron los Alpes y se establecieron en la región que luego se llamó Galia Cisalpina (actual valle del Po). Tras expulsar a los úmbrios, Breno atacó la etrusca Clusio (Chiusi) y, al ser rechazado, solicitó ayuda a Roma.

El conflicto se desencadenó cuando Quinto Fabio, enviado romano, asesinó a uno de los líderes galos durante las negociaciones. La falta de respuesta del Senado enfureció a Breno, que marchó contra la capital.

La catástrofe de la Alia

El 18 de julio de 390 a.C. los galos derrotaron al ejército romano al mando de Quinto Sulpicio en la batalla del río Alia, a escasas leguas de Roma. Los supervivientes, desorientados, entraron en la ciudad sin cerrar las puertas del Palatino, lo que permitió a los invasores saquearla.

Los ciudadanos que lograron escapar se refugiaron en el Capitolio, mientras los galos asolaban el resto de la urbe. La curia, a través de un mensajero intrépido, urgió a Marco Furio Camilo –exiliado en Ardea por supuestos desvíos de botín– a regresar y defender la ciudad.

El rescate del Capitolio

Según la leyenda, las gansos del templo de Juno alertaron a los romanos del ataque, evitando que los galos tomaran el Capitolio. Camilo aceptó volver solo si el pueblo lo reinstalaba como dictador, lo cual ocurrió.

Con la ayuda de su magister equitum Lucio Valerio, Camilo reorganizó a los defensores y, tras varios meses de asedio, rodeó a los galos. Breno, sin alimentos, aceptó pagar un rescate de mil libras de oro (≈ 327 kg). Al intentar engañar en la balanza, gritó «¡Vae victis!» (¡Ay de los vencidos!).

Camilo rechazó el pago, respondiendo: «Non aurum sed ferrum liberanda patria est» (No es el oro, sino el hierro, lo que libra a la patria). Días después derrotó a los galos y entró triunfante en Roma, siendo nombrado pater patriae y conditor alter urbis.

El recuerdo del 18 de julio

El sangriento día quedó grabado en la memoria colectiva. Cada aniversario de la toma del Capitolio, los perros guardianes que habían fallado en su deber eran crucificados como castigo ejemplar. Ante las cruces se colocaban las gansos del templo de Juno, que habían salvado a la ciudad, sobre cojines púrpuras, para honrarlos.

Fuente: Archenemies of Rome