¿Qué era la fullonica?
En cada ciudad o colonia romana existía al menos una fullonica, el equivalente de nuestras lavanderías y tintorerías modernas. Los restos de estos establecimientos se han hallado en Ostia, Barcino y Herculano, y algunos, como el de Stephanus en Pompeya, están excepcionalmente conservados.
El método de limpieza
El proceso de lavado era sorprendentemente sencillo y, a la vez, ingenioso. Tras una breve inspección y las reparaciones necesarias, la ropa se colocaba sobre una gran losa de madera o una balsa y los esclavos la pisoteaban vigorosamente, como si fuera una prensa de vino. El agente limpiador principal era la orina humana, rica en amoníaco. Esta se mezclaba con cal y cenizas, creando una solución capaz de eliminar manchas de túnicas, togas y manteles de lana.
La orina se obtenía de dos maneras: se importaba en ánforas desde regiones lejanas (las de Hispania eran consideradas de la mejor calidad) y, de forma más local, se recogía directamente de los baños públicos. En las fullonicas, a modo de modernos urinarios, se colocaban medio ánforas perforadas en la base de los pórticos para que los transeúntes pudieran aliviarse mientras caminaban.

Saltus fullonici: la piscina donde se realizaba el enjuague con la mezcla de orina, cal y cenizas.
Etapas del lavado
1. Inspección y reparación: se revisaban las prendas y se reparaban los desgarrones.
2. Lavado en la balsa: los esclavos pisoteaban la ropa sumergida en la solución limpiadora.
3. Enjuague final: las piezas se trasladaban a una gran piscina al aire libre, la lacuna fullonica, donde se enjuagaban con agua de lluvia recogida en el impluvium.
4. Secado y perfumado: después de escurrirlas, las prendas se colgaban al sol. Los clientes más acomodados pagaban un extra para que se les perfumaran con esencias herbales y florales.
El impuesto a la orina
El emperador Vespasiano, siempre ávido recaudador, instituyó un impuesto sobre la orina recogida en las fullonicas. Su hijo, el emperador Tito, le reprochó la medida y, según Suetonio, Vespasiano respondió sosteniendo una moneda de oro y preguntando si le molestaba su olor. Tito negó, y Vespasiano replicó: "PECUNIA NON OLET… (El dinero no huele)".
PECUNIA NON OLET… (El dinero no huele)