Historia de Europa

El Año Nuevo en Sumer: una fiesta de amor, guerra y diosas

Imagínate miles de personas en una gran ciudad haciendo el amor en las calles. No es la fantasía de un guionista pornográfico, sino la realidad de una fiesta de Año Nuevo en la antigua Sumeria.

El calendario sumerio y la llegada del verano

Los sumerios dividían el año en solo dos estaciones: verano e invierno. El Año Nuevo se celebraba al comienzo del verano, aproximadamente a finales de abril en nuestro calendario.

Inanna, la diosa del amor, la guerra y la fertilidad

El festejo estaba dedicado a Inanna (más tarde conocida como Ishtar), diosa del amor, la sexualidad y la guerra. Inanna no era una diosa madre; no tenía hijos y se la describía como una rebelde joven, inteligente, ambiciosa y, a la vez, compasiva y vengativa.

En el mito de su descenso al inframundo, Inanna atraviesa los siete portales del más allá, dejando una prenda en cada uno y entregando su propio cuerpo en el último. Muere, pero al tercer día resucita, regresando al mundo con mayor poder. Las versiones más antiguas la muestran enfadada con su esposo Dumuzi y enviándolo al inframundo; las versiones modernas la retratan como una esposa sumisa que desciende para salvarlo.

El Año Nuevo en Sumer: una fiesta de amor, guerra y diosas

Inanna, del artista Luis Royo

Una sociedad sin inhibiciones sexuales

Para los sumerios el sexo era una parte esencial de la vida. Se practicaba abundantemente y, según algunos estudios, también servía para “sincronizar” los nacimientos: se intentaba que muchas mujeres quedaran embarazadas al mismo tiempo, de modo que, una vez cosechada la tierra, los bebés pudieran ser atendidos simultáneamente.

La duración de la celebración variaba según la ciudad, pero en promedio duraba una semana. Durante esos días se organizaban banquetes públicos a cargo de los templos o del palacio real, recitales musicales y procesiones solemnes en las que se lanzaban regalos al público.

La hierogamia: el “matrimonio sagrado”

El acto central era la hierogamia o “matrimonio sagrado”. El gobernante entraba al templo y, ante la estatua divina, se unía sexualmente con la alta sacerdotisa. Ese encuentro simbolizaba la transmisión de la autoridad divina al rey. En muchos casos la unión era meramente simbólica; se sabe que la alta sacerdotisa podía ser hija del rey, lo que hacía el incesto un grave delito.

Cuando la unión era real, la sacerdotisa podía quedar embarazada y su hijo recibía una condición semidivina. En Sumeria no había vergüenza en ser madre soltera: Sargón de Acad se jactaba en su biografía de haber nacido de una madre soltera que lo dejó en una cesta en el río, para ser adoptado luego por la corte de Kish.

El desenlace: sexo colectivo y festejo popular

Tras la hierogamia, la ciudad entera se entregaba al placer. Parejas, amantes y hieródulas (prostitutas sagradas) disfrutaban de relaciones sexuales en templos, en casas y hasta en las calles. Los hombres podían tener concubinas y amantes; las mujeres podían tener amantes siempre que el marido lo permitiera, y el embarazo no suponía problema, pues el esposo adoptaba al hijo como propio.

La gente bebía cerveza, cantaba y hacía el amor sin culpa ni confesión. No es de extrañar que este fuera el festival más importante del calendario religioso sumerio.

Contribución de Joshua BedwyR, autor de In a Dark Blue World
Imagen: “Journeying to the Goddess”