El corsé y el ideal de belleza
Durante los siglos XVII y XVIII, el corsé era el elemento clave para conseguir el cuerpo diábolo que la aristocracia consideraba el ideal de belleza: busto pronunciado, cintura imposible de lograr sin un corsé y caderas exageradas mediante enaguas y crinolinas. Cuanto más estrecha era la cintura, mayor era el prestigio social.
Los corsés de esa época dejaron de ser simples tirantes de tela; se reforzaban con ballenas de ballena, varillas de madera o metal, e incluso, en el siglo XVI, con jaulas metálicas.
El declive y el regreso del corsé
Con la Revolución Francesa, el corsé cayó en desuso como símbolo del Antiguo Régimen, pero volvió a popularizarse en el siglo XIX, ahora al alcance de todas las clases sociales y desde la infancia. Su uso diario provocó deformaciones corporales graves: el médico alemán Samuel von Sommering ya advertía en 1790 que el corsé causaba deformaciones de las costillas.
Consecuencias para la salud
Estudios del siglo XIX, como los realizados por el cirujano británico William Wilberforce‑Smith y el ginecólogo estadounidense Robert Latou Dickinson, mostraron que el 20 % de las mujeres que usaban corsé reducían su capacidad pulmonar, lo que provocaba desmayos frecuentes.
Investigaciones recientes de la Mayo Clinic (EE. UU.) confirman que el uso prolongado del corsé puede producir:
- Desplazamiento de órganos: la compresión abdominal puede mover riñones y dificultar la micción.
- Estrés respiratorio: insuficiente oxígeno, hiperventilación y síncopes.
- Problemas uterinos: desplazamiento del útero, dolor menstrual, infertilidad, abortos o infecciones.
- Alteraciones digestivas: presión abdominal que dificulta la digestión, provoca reflujo y, en casos extremos, malnutrición.
- Congestión venosa: inflamación de piernas y pies, mayor riesgo de trombosis y embolia pulmonar.
- Deformación muscular y esquelética: atrofia muscular y desviaciones de la columna vertebral, al punto de que, según fuentes históricas, "muchas mujeres no podían caminar sin su corsé".
El origen de la chaise longue
El frecuente desmayo de las mujeres, causado por la restricción respiratoria del corsé, motivó la creación de un mueble para descansar: la chaise longue, también conocida como "silla de desmayo". Este asiento largo, similar a un prie‑dieu, permitía recostarse y acomodar los voluminosos vestidos sin perder el equilibrio.