
Contexto
Tras la victoria escocesa en el puente de Stirling (1297), William Wallace, un noble menor, se convirtió en Guardián de Escocia y recuperó los territorios ocupados por los ingleses. Su éxito sembró el terror en Cumbria y Northumbria, mientras que el rey Eduardo I reunía un ejército de 26.000 infantes y 3.000 caballeros para acabar con la rebelión.
Los preparativos ingleses
Los ingleses buscaban a Wallace, pero su suministro se vio amenazado: los barcos esperados llegaban vacíos o sólo con vino, lo que provocó altercados entre soldados ingleses y galeses. Eduardo respondió con la famosa frase: «¿Qué importa si nuestros enemigos se alían? Los derrotaremos a todos en un día».
La batalla
El 21 de julio, los escoceses supusieron que el ejército inglés, agotado y con problemas de aprovisionamiento, se retiraría. Prepararon una emboscada en Falkirk, colocando a sus tropas en una colina rodeada por un arroyo y formando cuatro círculos de piqueros (schiltroms) con arqueros en el interior. La caballería noble escocesa se situó en la cima.
Al llegar, Eduardo, que recordaba su derrota en Lewes, prefirió acampar, pero los barones lo presionaron para atacar de inmediato. El terreno pantanoso dificultó el avance de la primera carga de caballería inglesa, que tuvo que desviarse. La segunda línea sufrió el mismo obstáculo, lo que provocó un ataque en pinza que aniquiló a la infantería y a los arqueros escoceses.
El papel de la caballería escocesa
En el momento crítico, la caballería noble, en vez de apoyar a la infantería, huyó del campo. Algunos historiadores han insinuado que los barones escoceses, resentidos porque el cargo de Guardián había sido otorgado a un plebeyo, habrían pactado con Eduardo para eliminar a Wallace. Sin embargo, el autor de la obra fuente niega cualquier acuerdo en Falkirk.
Mitos y realidades
La derrota de los escoceses se debió principalmente a la superioridad numérica y táctica inglesa; la retirada de los nobles no cambió el resultado, aunque sí permitió que el ejército inglés enfrentara una costosa campaña de persecución. Si hubieran cargado, la mortandad escocesa habría sido aún mayor.
Además, si existiera un pacto para eliminar a Wallace, el primer objetivo inglés habría sido capturarlo, pero su primera acción fue intentar (sin éxito) capturar a Robert Bruce, lo que contradice la hipótesis de traición.
Al final, Wallace también abandonó el campo a caballo, escapando de la derrota.
Conclusión
La Batalla de Falkirk marcó el fin de la campaña de Wallace y alimentó leyendas sobre la traición de la nobleza escocesa. La evidencia histórica sugiere que la derrota fue el resultado de errores estratégicos y no de un complot secreto.
Fuentes: Marc Morris, Edward I, a great and terrible king; Chris Brown, William Wallace, the man and the myth