Historia de Europa

Estos discretos animales ayudaron a los polacos a sobrevivir la Segunda Guerra Mundial: los méritos olvidados de los conejos

La escasez de alimentos durante la ocupación

Durante la Segunda Guerra Mundial la alimentación se convirtió en un problema gigantesco. Para sobrevivir, los habitantes de las ciudades transformaron parcelas vacías, parques, plazas e incluso sus propios balcones en huertos improvisados. La cría de animales domésticos, sin embargo, resultó mucho más complicada.

Los conejos: una solución práctica

Para contar con una fuente de carne, muchas familias comenzaron a criar conejos dentro de las ciudades. Estos animales se alojaban en sótanos, áticos, cobertizos, cocinas e incluso en los baños de las casas polacas. Su carne es magra, rica en proteínas y vitaminas, y los conejos son fáciles de cuidar y crecen rápidamente, lo que los convirtió en el complemento ideal a la dieta de la ocupación.

El único inconveniente era que necesitaban alimento. En verano era sencillo alimentarlos con hierba fresca que se encontraba en la propia ciudad, además de restos de cocina y heno. En invierno, sin embargo, las amas de casa a menudo tenían que sacrificar parte de sus propias provisiones para mantener a los animales.

Historias de cría en los hogares

La mayoría de los conejos vivían en jaulas. En las grandes ciudades esas jaulas se colocaban dentro de los edificios de apartamentos. Teresa Śliwińska, originaria de Poznan, recordó cómo sus padres iniciaron la cría cuando los alemanes les incautaron la estufa, la caldera de cobre y la bañera para utilizarlos como material bélico. El baño quedó vacío, y la familia decidió aprovecharlo convirtiéndolo en una “granja” de conejos, apilando jaulas hasta el techo y guardando allí un barril de chucrut y una caja con tierra de huerto para cultivar verduras.

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El baño se convirtió en un imán para los niños. Teresa aprendió rápidamente los hábitos de los conejos y, como era habitual, los niños se encargaban de alimentarlos. Con el tiempo, los más pequeños se encariñaron con esas pequeñas bolitas de pelaje que, tras unos meses, terminaban en el plato.

Maria Kwiatkowska, adolescente durante la ocupación y residente de Sędziszów Małopolski, narró la historia de su hermano Poluś, quien cuidaba del pequeño rebaño familiar. Los conejos vivían en un establo detrás de la casa y, cuando llegaba el momento de sacrificarlos, el vecino Buś los mataba y su madre los sazonaba de diversas maneras. Poluś se mostraba distraído y triste porque estaba muy apegado a los animales.

“Nuestro vecino Buś los mataba, y mi madre los condimentaba de distintas formas. Yo me sentía muy afectado porque los quería mucho”, recordó Poluś.

En tiempos de guerra resultaba imposible explicar a los niños que la supervivencia humana debía prevalecer sobre el bienestar animal. Los adultos trataban de protegerlos del horror del sacrificio, aunque en cualquier parte del país, ya fuera una metrópolis o un pequeño pueblo de Podkarpacie, era inevitable “perder más águilas” para alimentar a la familia.

Cómo aprendieron a criar conejos

Los conejos no formaban parte de la vida cotidiana de muchas familias antes de la guerra, por lo que el conocimiento sobre su cría debía buscarse en familiares, vecinos o en la llamada Biblioteca de la Vida Práctica. El profesor Teodor Marchlewski, decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad Jagellónica, publicó en 1940 el folleto Cría de conejos, que explicaba detalladamente el manejo, la alimentación, el alojamiento y, de forma cruda pero necesaria, el método de sacrificio.

“Los conejos se sacrifican separando la columna cervical del cráneo con un fuerte golpe; la muerte es instantánea. Es importante cortar la garganta inmediatamente después, para que la sangre drene, vaciar la vejiga presionando la pared abdominal y colgar el animal al revés”, indicaba el folleto.

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Además de los conejos, algunas familias complementaban su mesa con gansos comprados en los mercados callejeros. Para profundizar en estos relatos, se puede consultar el libro Ocupación desde la cocina de Aleksandra Zaprutko‑Janicka, publicado por la editorial Znak.

Marzena Saryusz‑Stokowska, otra autora de la Biblioteca de la Vida Práctica, escribió Uso de pieles y carne de conejo, donde propone técnicas alternativas de sacrificio, como el desangrado por corte de garganta o un golpe fuerte en la nuca con un palo.

Imagínese a una mujer de la época, antes elegante y ahora obligada a alimentar a varios niños bajo la ocupación. En una mano sostiene el manual de cría y en la otra, como sustituto de un palo, un rodillo de cocina, listo para aplicar el método descrito.

Bibliografía

El artículo se basa en material recopilado por el autor al redactar el libro Ocupación desde la cocina.