La historia que conocemos suele presentarse como una leyenda: Margarita de Provenza, al casarse con el joven rey Luis IX en 1234, habría contraído también una alianza con su madre, Blanca de Castilla. Según la versión popular, Blanca sería una madrastra tiránica, celosa y mezquina, que impediría que la pareja viviera su amor, empleando todo tipo de estratagemas para alejar a Luis de Margarita.
Esta visión simplista necesita matices. La rivalidad entre ambas reinas fue, en realidad, una relación compleja donde el amor familiar, los sentimientos personales y las consideraciones políticas se entrelazaron.
La joven reina
Blanca de Castilla, nieta de la célebre Leonor de Aquitania, se casó en 1200 con el príncipe Luis, heredero del rey Felipe Auguste. Ascendió al trono junto a su esposo en 1223 y, tres años después, quedó viuda. Blanca se convirtió entonces en regente del reino, gobernando en nombre de su hijo Luis IX.
El poder llegó a ella sin que lo hubiera buscado. Ante la rebeldía de los barones, reunió un círculo de seguidores capaces de sofocar las revueltas y reforzó la autoridad monárquica. Con una firmeza inesperada y una astuta selección de colaboradores, Blanca devolvió el orden a Francia.
El matrimonio de su hijo era una necesidad política. Consciente de la importancia de la futura consorte, tomó una reflexión cuidadosa. El conde de Provenza, Raimundo Berenguer, y su esposa Beatriz de Saboya no tenían varones, pero sí cuatro hijas muy codiciadas. La mayor, Margarita, fue elegida como la futura reina de Francia.
En 1234, la niña de 13 años se casó con Luis IX. Ese enlace servía a la política centralizadora de Blanca, quien aspiraba a incorporar el independiente condado de Provenza al reino.

Sin embargo, el matrimonio tomó rápidamente un matiz romántico: el futuro San Luis y Margarita se enamoraron al instante. La unión, aunque apasionada, no estuvo exenta de problemas. Desde el principio, la convivencia entre Blanca y Margarita resultó tensa.
Blanca deseaba este matrimonio; lo organizó y se alegró… Pero pronto se dio cuenta de que en la corte ahora había dos reinas, una herida secreta para ella.
Blanca dejó de ser la "Reina Blanca" para convertirse en la "Reina Madre", una mujer de 46 años. Margarita, joven soberana legítima, ocupó su lugar. Así surgió una rivalidad tanto literaria como social entre ambas.
Recordemos que Blanca, descendiente de Leonor de Aquitania, había sido celebrada por los poetas de su época. Ahora la joven Margarita recibió el mismo homenaje: los trovadores cantaban sus encantos como lo habían hecho antes con Blanca, demostrando el paso inevitable del tiempo.
La Reina Madre, ya entristecida por la pérdida de su belleza castellana, no podía soportar ver a la joven reina tan bonita y vivaz, atrayendo a los poetas de la nueva generación.
Originaria de la brillante corte provenzal, Margarita continuó la labor cultural iniciada por Blanca y, al final del reinado de San Luis, consolidó a París como centro literario de Francia.
Una intimidad difícil
Jean de Joinville, cronista contemporáneo de Luis IX, asegura que Blanca no soportaba que "el rey pasara el día con su esposa y la noche con ella".
Para escapar de la tiranía materna, la pareja se refugió en el Castillo de Pontoise, donde una escalera de caracol conectaba directamente la oficina del rey con el apartamento de la reina. Joinville relata que allí se encontraban para "charlar" (y, probablemente, más).
Ese ingenioso acceso evitaba que Luis cruzara los pasillos vigilados por los sirvientes de su madre, quienes golpeaban la puerta con sus bastones para avisar al rey de la llegada de la Reina Madre. Así, la joven pareja contaba con numerosos cómplices.

Los registros de la corte confirman que el rey y su séquito frecuentaron Pontoise a partir de 1241, lo que indica que no se trató de una mera anécdota.
Los movimientos de la corte demuestran estancias regulares en Pontoise desde 1241; antes, el rey y su gente rara vez se dirigían allí.
La escalera de caracol funcionaba como escapatoria a las "intrusiones inoportunas" de Blanca en el despacho del rey o en la intimidad de Margarita. La actitud de Blanca no se debía solo a los celos de madre, sino a su deseo de preservar la independencia política que su hijo empezaba a adquirir.
Blanca quiere preservar su equipo de gobierno
Inteligente como su madre, Luis IX buscó transferir el poder gradualmente a sus propias manos. Sus estancias en Pontoise le permitieron formar un núcleo de seguidores que serían leales al rey y no a su madre.
Blanca percibió esa reconfiguración como la creación de una contra‑potencia. Para una mujer de carácter y experiencia en el ejercicio del poder, resultó extremadamente difícil aceptar que sus antiguos consejeros pudieran quedar desplazados.
Margarita, sin percatarse, representaba un peligro político para el equipo establecido. Blanca temía que su joven esposa, a quien describía como un tanto dispersa, desviara a Luis de sus deberes de gobierno.
Por eso, Blanca intentó seguir controlando a su hijo e incluso interferir en su vida privada, para que ninguna información escapara de su alcance. Aunque no logró impedir por completo la formación del nuevo grupo, sí mantuvo una influencia significativa: cuando Luis partió en cruzada, le confió la regencia a su madre.

Joinville relata otro episodio: cuando Margarita estaba a punto de morir tras dar a luz (fue una de las primeras mujeres en usar una herramienta similar a las fórceps modernas), Blanca se acercó a Luis y le dijo: "Ven, no tienes nada que hacer aquí". Ante la presión de su suegra, Margarita exclamó: "¡No me dejarás ver a mi señor, viva o muerta!" y se desmayó, siendo declarada muerta. Luis, alarmado, regresó a su lado y decidió quedarse con ella.
La reacción del rey evidenció la evolución de su independencia respecto a la autoridad materna.
La victoria progresiva de Margarita
Al llegar a la corte francesa, Margarita aprendió a lidiar con una suegra de carácter fuerte y a evitar un enfrentamiento directo. En lugar de someterse, se impuso sutilmente y empezó a ocupar su lugar legítimo.
El verdadero punto de inflexión llegó con los nacimientos. Tras seis años de matrimonio, la pareja tuvo su primer hijo, Blanca, en 1240, lo que otorgó a Margarita legitimidad. Le siguieron Isabel (1242) y Luis (1244). Al proporcionar herederos al reino, Margarita cumplió su contrato y pasó a ser reconocida como esposa y reina.
Con cada nuevo nacimiento, la confianza de Luis creció, pues ahora tenía sucesores. A partir de entonces, la necesidad de Blanca en la política disminuyó notablemente.
En 1242, Luis decidió retirar a Blanca de la corte. Aunque siguió consultándola en privado, el gesto simbólico representó una victoria para Margarita.

En 1244, año del nacimiento de su primer hijo varón, Luis tomó su primer gran decisión política: cruzar a Tierra Santa, en contra del consejo de todos, incluida su madre.
Ese mismo año, tras una enfermedad casi mortal, Luis hizo voto de cruzada y decidió llevar a Margarita consigo. Partió en junio de 1248 y nunca volvió a ver a su madre, quien murió en noviembre de 1252, dieciocho meses antes de su regreso.
Margarita lloró la muerte de su suegra, aunque sin hipocresía: nunca la había amado, pero reconocía que Blanca había sido una madre exigente y una soberana capaz, cuya preparación permitió a Luis ejercer la función real con éxito.
En última instancia, la capacidad administrativa y política de Blanca sirvió al reino y a su hijo. Luis pudo gobernar solo gracias a la formación que ella le brindó. Ella pagó el precio de ser desplazada cuando su hijo, ya padre y esposo, se sintió suficientemente seguro para prescindir de su consejo. ¿Acaso no era el curso natural de los hechos?