
Introducción
Tras el desembarco de los aqueos en la costa troyana, la tensión entre Agamenón y Aquiles se vuelve crucial. Si bien Aquiles y sus temibles Mirmidones se ausentan de los dos primeros combates, su intervención en la tercera y, sobre todo, en la cuarta batalla, determina el curso de la guerra.
Los Mirmidones como reserva estratégica
Los Mirmidones, elite de la armada micénica, probablemente formaron la reserva general de los aqueos. Su ausencia en los primeros enfrentamientos puede deberse a que estaban destinados a otro frente o simplemente esperaban el momento decisivo.
Primer combate
Agamenón restablece el orden, inspecciona a sus tropas y las envía al campo. Homero describe una línea de batalla triple: infantería ligera al frente, seguida de los carros y, al fondo, la infantería pesada. Los carros, bajo el mando de Néstor, intentan una carga organizada para abrir brechas en la línea troyana, pero el enfrentamiento termina sin ventajas claras. La contienda se decide mediante un duelo entre Telamonius Aedas y Héctor, y al anochecer ambos ejércitos se retiran a sus campamentos.
Segundo combate
Al día siguiente los troyanos, aprovechando la luz del alba, avanzan 6 km desde sus murallas y ocupan una posición estrecha entre la colina de Kallikolon y el río Escamandro. La superioridad numérica aquea no logra romper la defensa troyana y, al mediodía, los aqueos se ven obligados a retroceder. Agamenón convoca una reunión nocturna y envía emisarios a Aquiles, quien se niega a reforzar al ejército con sus 2 500 hombres, lo que sugiere que la verdadera carencia era la ausencia de la estrategia de Aquiles, no la falta de tropas.
Vigilancia nocturna y Dolón
En una reunión de guerra, se decide enviar a Odiseo y Diomedes como patrulla ligera para explorar al enemigo. Capturan a Dolón, el espía troyano, y obtienen información sobre la posición de los aliados tracios de Héctor. Aprovechando la sorpresa, los aqueos atacan el campamento tracio, matan al rey Rhesus y se apoderan de sus caballos: el primer ejemplo documentado de guerra de guerrillas.
Tercer combate
Al alba siguiente, Héctor vuelve a ocupar un frente estrecho, esta vez entre el río Escamandro y la colina de Neo Ilión. Agamenón repite el error de atacar toda la línea enemiga y la batalla se vuelve de desgaste. Los troyanos, tras romper el centro aqueo, asaltan el campamento y logran abrir sus puertas, formando una “tortuga” con sus escudos para protegerse de los proyectiles.
Regreso de Aquiles
Patroclo, portando el armamento de Aquiles, aparece en el flanco derecho aqueo, que está al borde del colapso, y revierte la situación. Los troyanos, sorprendidos, huyen casi hasta las murallas de Troya. La intervención de los Mirmidones muestra que, cuando están presentes, no dudan en apoyar a sus aliados, aunque su posición inicial estaba al extremo izquierdo del campamento.
Muerte de Patroclo
Patroclo persigue a los troyanos hasta la ribera izquierda del Escamandro, pero al cruzar la ribera derecha queda expuesto. Los troyanos aprovechan la brecha, lo rodean y lo matan. La pérdida provoca una gran conmoción en el campamento y lleva a Aquiles a planear la batalla final.
La batalla catalítica (cuarta y decisiva)
Héctor vuelve a elegir una posición estrecha entre la colina de Neo Ilión y el río Escamandro. Aquiles, en cambio, concentra sus fuerzas en el centro enemigo, buscando romper la línea troyana en un punto crítico. La ofensiva aquea rompe el centro troyano; la derecha de los troyanos huye a la ciudad, mientras la izquierda queda atrapada entre los escudos aqueos y los ríos, siendo aniquilada.
El fin de la guerra
Homero relata la furia de Aquiles, que lanza su lanza y, con la espada en mano, masacra a los troyanos. La divinidad del río Escamandro, abarrotado de cadáveres, intenta ahogar a Aquiles. Finalmente, Héctor enfrenta a Aquiles en combate singular y su garganta es desgarrada por la lanza del héroe, poniendo fin a la narración bélica de la Ilíada.

