1. Alianzas y Ententes
Antes de 1914 existía una red compleja de alianzas entre las potencias europeas. Las más relevantes fueron la Triple Alianza (Alemania, Austria‑Hungría e Italia) y la Triple Entente (Gran Bretaña, Francia y Rusia). Cuando estalló el conflicto, estos pactos obligaron a los países a apoyarse mutuamente, lo que amplió rápidamente la guerra.
2. Nacionalismo y rivalidad imperial
El nacionalismo estaba en auge y alimentaba la competencia entre naciones. La búsqueda de colonias y de influencia imperial generó tensiones, sobre todo en los Balcanes, una zona caliente de disputas territoriales y conflictos nacionalistas.
3. Militarismo
Muchas naciones europeas habían intensificado su carrera armamentista. Alemania, en particular, contaba con un ejército potente y bien equipado, lo que despertó recelo en los demás países y aumentó la tensión.
4. Fracasos diplomáticos y errores de cálculo
La crisis diplomática que precedió a la guerra estuvo marcada por malentendidos, cálculos erróneos y fallos en los intentos de solución pacífica. El asesinato del archiduque Francisco Fernando en 1914 fue el detonante, pero los problemas subyacentes llevaban años gestándose.
5. Movilizaciones y el Plan Schlieffen
Una vez iniciado el conflicto, la movilización de los ejércitos según planes preestablecidos provocó un efecto dominó. El Plan Schlieffen de Alemania, que preveía una invasión rápida de Francia a través de Bélgica, obligó a Gran Bretaña a entrar en la guerra para defender la neutralidad belga.