El auge del nacionalismo
En las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX el nacionalismo se intensificó en toda Europa. En Alemania, recién unificada en 1871, los nacionalistas deseaban que el país se convirtiera en una gran potencia “con un lugar bajo el sol”. Esta ambición generó tensiones con Francia y Gran Bretaña, que veían amenazados sus intereses.
La carrera armamentista
Los principales estados europeos se involucraron en una competencia militar sin precedentes. Alemania, bajo el canciller Otto von Bismarck y luego Wilhelm II, expandió rápidamente su ejército y su flota, lo que alarmó a sus vecinos y aumentó la desconfianza mutua.
Las crisis marroquíes
En 1905 y 1911 se produjeron dos episodios críticos en Marruecos. Alemania desafió la influencia francesa, llegando al punto de casi desencadenar una guerra. Estas crisis mostraron cuán volátil era la relación germano‑francesa y cuán cerca estaba Europa de un conflicto abierto.
El asesinato del archiduque Francisco Fernando
El 28 de junio de 1914, el heredero del trono austrohúngaro fue asesinado en Sarajevo por Gavrilo Princip, un nacionalista serbio. El hecho desencadenó una serie de alianzas y movilizaciones que culminaron en la guerra.
¿Cuál fue el papel de Alemania?
Si bien Alemania no organizó el atentado, existen indicios de que el gobierno alemán estaba al tanto del complot y no tomó medidas para impedirlo. Además, el apoyo diplomático que brindó a Austria‑Hungría después del asesinato –el famoso “cheque en blanco” de Kaiser Guillermo II– incentivó una respuesta militar que arrastró a todo el continente.
Conclusión
El nacionalismo agresivo, la expansión militar y la intervención en crisis internacionales convierten a Alemania en un actor clave en el estallido de la Primera Guerra Mundial. Su postura firme, junto con la política de “Weltpolitik”, creó un clima propicio para que el asesinato de Sarajevo desencadenara una guerra a gran escala.