Historia de Europa

Los príncipes de la Torre de Londres: el enigma según Matthew Lewis

Introducción

Normalmente no tradujo artículos ajenos; prefiero escribir con mis propias palabras y aportar fuentes originales. Hoy hago una excepción para presentar el artículo de Matthew Lewis, autor reconocido por sus novelas y ensayos sobre la Inglaterra medieval, especialmente la Guerra de las Rosas y la rama York de los Plantagenet.

Lewis acaba de publicar Survival of the Princes in the Tower: Murder, Mystery and Myth, un estudio sobre el destino de los hijos del rey Eduardo IV que desaparecieron en la Torre de Londres durante el reinado de Ricardo III. El misterio sigue cautivando a los ingleses a más de cinco siglos de los hechos. En mi blog ya abordé la pregunta "¿Asesinó Ricardo III a los príncipes de la Torre?"; para quienes no lo han leído, recomiendo esa entrada antes de continuar.

He contactado a Lewis, quien amablemente me ha permitido traducir uno de sus textos publicados en el blog On the Tudor Trail. A continuación, la traducción.


¿Por qué escribir este libro?

Una de las razones principales que me llevó a titular mi obra The Survival of the Princes of the Tower of London es que ninguna de las teorías habituales sobre sus asesinos me ha satisfecho por completo. La desaparición de los hijos de Eduardo IV sigue siendo uno de los mayores enigmas históricos y genera debates encendidos, pues no existe una prueba concluyente que esclarezca su destino.

El problema con Ricardo III como culpable

Mi duda se centra en la acusación tradicional contra Ricardo III y en dos lagunas esenciales. Si los niños fueron asesinados, Ricardo es el sospechoso principal. El primer obstáculo es su aparente pasividad respecto a otras posibles víctimas de la familia real: las hijas de Eduardo IV y los hijos de su hermano mayor, Jorge de Clarence. Si mató a los príncipes para asegurar su trono, ¿por qué no hizo lo mismo con las princesas o con Eduardo, conde de Warwick, hijo de Clarence, que también podía reclamar el trono?

El segundo punto es la falta de anuncio público de su muerte. Para eliminar la amenaza, los príncipes tendrían que haber sido declarados muertos sin dudas. Ricardo nunca informó de su fallecimiento; pudo haber alegado enfermedad o asesinato, pero lo esencial era que la gente creyera que ya no existían. En lugar de ello, mantuvo el silencio, lo que mantuvo viva la amenaza y complicó la legitimidad del sucesor, Enrique VII.

Otros sospechosos

El duque de Buckingham

El duque de Buckingham es el segundo sospechoso habitual. Fue un aliado clave de Ricardo en 1483, pero se rebeló en la revuelta de octubre y fue ejecutado. Algunas fuentes contemporáneas sugieren que Buckingham participó en el asesinato para abrirse camino al trono, mientras que otros afirman que su rebelión surgió por indignación al saber del supuesto crimen de Ricardo. Sin embargo, si Buckingham hubiera matado a los príncipes, habría tenido motivos para acusar a Ricardo y deshacerse de la amenaza, lo que no hizo.

Margaret Beaufort

La teoría que involucra a Margaret Beaufort es controvertida. Tras la revuelta de octubre de 1483, su hijo Enrique Tudor buscó el trono, y Margaret tenía un interés claro en favorecer su causa. Aunque estuvo bajo arresto domiciliario después de la revuelta, antes de eso había disfrutado de una posición destacada en la corte de Ricardo y, junto a su esposo Lord Stanley, tenía fácil acceso a la Torre. No se descarta su posible implicación, aunque la evidencia directa es escasa.

Enrique Tudor

Incluir a Enrique Tudor como sospechoso implica aceptar que los príncipes estaban vivos el 22 de agosto de 1485, cuando Enrique venció a Ricardo en Bosworth y se coronó. Si los príncipes hubieran sobrevivido, representarían un serio obstáculo para la legitimidad de Enrique, cuya alianza con Isabel de York (hermana de los príncipes) era esencial para consolidar su derecho al trono. Sin embargo, la relación aparentemente feliz entre Enrique e Isabel hace improbable que él, o su madre Margaret, hubieran eliminado a los niños.

La hipótesis de supervivencia

La obsesión por identificar al asesino ha eclipsado la posibilidad de que los príncipes sobrevivieran. Rumores contemporáneos también hablaban de su posible escape. Aceptar esa hipótesis ayuda a explicar varios hechos posteriores: la falta de denuncias públicas contra Ricardo, la sospecha sobre la familia Woodville en 1487, o la obsesión de Enrique VII con Perkin Warbeck, quien pudo haber sido un pretendiente con alguna conexión con los príncipes.

Conclusión

Para algunos, la culpa de Ricardo III es una teoría cómoda y aceptada sin cuestionamiento. Invito a los lectores a dejar de lado los prejuicios de medio milenio y a examinar la evidencia con una mente abierta. Como señala el filósofo Pierre Bayle: "La antigüedad y la aceptación general de una opinión no garantizan su veracidad".