Contexto histórico
En el siglo IX d.C. las guerras bizantino‑árabes continuaban con intensidad. En general, los árabes dominaban el Mediterráneo, ocupando parte de Sicilia y, lo que resultaba aún más estratégico, la isla de Creta. El califato abasí apoyaba a los árabes de Creta principalmente a través de Egipto.
Objetivo bizantino
Tras varios intentos fallidos de recapturar Creta, el Imperio bizantino cambió de estrategia: aislar la isla cortando sus líneas de suministro con Egipto y destruir los almacenes que servían al emirato cretense. Según el erudito bizantino Vasiliev, Damietta era "el arsenal de Creta" y debía ser arrasada.
El emperador Miguel III, según fuentes árabes, ordenó el envío de tres flotas, unas 300 naves, contra tres objetivos mediterráneos; el tercero fue Damietta.
La incursión
Una fuerza bizantina de 85 barcos y unos 5 000 guerreros zarpó hacia Damietta. El mando recaía en "ibn Katuna", identificado por los árabes con el patricio Damianus, estrecho colaborador del emperador. Las fuentes bizantinas apenas mencionan la operación.
En ese momento la marina egipcia estaba en decadencia y la mayoría de los fuertes costeros habían sido abandonados. Sin embargo, Damietta contaba con una guarnición que, el 22 de mayo de 853 d.C., se había retirado para celebrar el Ramadán.
Aprovechando esa vulnerabilidad, Damianus y sus barcos aparecieron frente al puerto. Con movimientos relámpago, los soldados desembarcaron y tomaron la ciudad casi sin resistencia. Saquearon los almacenes, donde hallaron grandes cantidades de armas y provisiones destinadas a Creta, y las llevaron a sus naves junto con algunas mujeres y numerosos cristianos coptos.
Los bizantinos incendiaron la ciudad, cuya población mayoría había abandonado el lugar. Permanecieron en Damietta hasta el 23 de mayo, cuando zarpó de nuevo. Esa misma flota continuó al este y capturó la fortaleza de Ustún, destruyendo también los equipos de asedio que allí se encontraban, destinados a Creta.
Consecuencias
La expedición sembró terror entre los musulmanes y es considerada una de las más exitosas de la historia bizantina, pues logró cortar temporalmente el suministro de Creta y demostró la capacidad de proyección del Imperio en territorio enemigo.