Motivaciones principales en la Era de la Exploración (siglos XV‑XVII)
a. Comercio: Encontrar rutas marítimas hacia Asia (principalmente India y China) para obtener especias, sedas y metales preciosos, productos muy demandados en Europa y difíciles de conseguir por las rutas terrestres tradicionales.
b. Riqueza y recursos: Monarcas y patrocinadores financiaban las expediciones con la esperanza de expandir sus dominios y apoderarse de recursos valiosos. El descubrimiento de nuevas tierras se veía como una forma de aumentar la fortuna y el poder tanto de individuos como de naciones.
c. Difusión del cristianismo: Misioneros acompañaban a muchos navegantes con el objetivo de convertir a los pueblos indígenas al cristianismo, lo que motivaba a numerosos exploradores.
d. Curiosidad científica y descubrimiento: Algunas travesías tenían como fin el conocimiento: documentar regiones desconocidas, observar fenómenos naturales y estudiar la flora y fauna de nuevos territorios.
e. Ambición política y prestigio: Las potencias europeas utilizaban los viajes de exploración y la fundación de colonias como muestra de su fuerza y prestigio ante otras naciones, reforzando su influencia global.
f. Cartografía y navegación: Las expediciones aportaron datos cruciales para mejorar los mapas y las técnicas de navegación, ampliando la comprensión geográfica del mundo.
Evolución de los objetivos
Con el tiempo, tras el establecimiento de colonias en América y Asia, los propósitos de la exploración cambiaron. La colonización, la explotación de recursos y la dominación política pasaron a ser los objetivos predominantes, impulsando el surgimiento de los imperios europeos.