Valiente, caprichoso, justo, brillante estratega militar y gobernante mesurado, Pirro es considerado uno de los grandes de su época y uno de los enemigos más famosos de la incipiente República romana. Incluso Aníbal lo elogió, situándolo junto a Alejandro y a sí mismo entre los tres mejores estrategas de la historia.
Orígenes y ascenso al trono
Pyrrhus (318‑272 a.C.), apodado “el rubio” o “el pelirrojo”, era hijo del rey Eácides de Epiro y descendiente lejano de Alejandro Magno por parte materna. Según la tradición, su familia Molossia se remontaba a Neptolemo, hijo de Aquiles. Fue rey de Epiro en dos periodos (307‑272 a.C.) y, brevemente, también gobernó Macedonia en 287 y 273 a.C.
El conflicto con la República romana
En 282 a.C. la Magna Grecia seguía independiente. Tarento y Roma habían pactado que los navíos romanos no cruzaran el cabo Lacinio. Sin embargo, diez trirremes romanos aparecieron cerca de Thurium, desafiando el tratado. Los tarentinos, al mando de su flota, hundieron cuatro barcos y capturaron uno, provocando una grave crisis diplomática.
«Ríe, ríe, tu sangre lavará mis ropas», respondió el embajador romano Postumo ante la burla del consejo tarentino.
Desesperado, Tarento solicitó ayuda a su viejo aliado, el rey Pirro. Cuando la flota épira apareció, el cónsul romano Lucio Emilio Bárbula se retiró, usando a los ciudadanos tarentinos como escudos humanos.
La campaña italiana
En primavera de 280 a.C. Pirro desembarcó cerca de Tarento con una fuerza que incluía veinte mil infantes, tres mil caballería, dos mil arqueros, quinientos hondos y, novedad en Italia, veinte elefantes de guerra. Roma movilizó cerca de ochenta mil hombres, divididos en cuatro ejércitos. El general Publio Valerio Levíno, al mando de la cuartelada en Heraclea, rechazó la mediación de Pirro:
«No somos de juzgar con palabras, sino con armas. No serás nuestro árbitro, serás nuestro rival».
El enfrentamiento de Heraclea fue feroz. Los elefantes de Pirro sembraron pánico entre los legionarios, que huyeron desorganizados. Dionisio de Halicarnaso registra unas 15 000 bajas romanas frente a 13 000 del bando helénico‑tarentino.
Tras la victoria, Pirro comentó: «Otra victoria así y tendré que regresar a Epiro solo». Reconoció la valentía de los muertos romanos, diciendo que con hombres así podría conquistar el universo.
La segunda gran batalla: Asculum
En 279 a.C. la contienda se trasladó a Asculum (Apulia). Los romanos, preparados para los elefantes, los acosaron con lanzas y proyectiles. La batalla duró dos días; el cónsul Publio Decio Mus cayó junto a seis mil soldados. Pirro perdió 3 500 hombres y exclamó:
«Otra victoria así y estoy acabado».
De aquí procede la expresión “victoria pírrica”, que describe un triunfo que cuesta más al vencedor que al derrotado.
La campaña siciliana y el último intento contra Roma
En 278 a.C. Pirro aceptó la petición de Siracusa y cruzó a Sicilia. Tras éxitos iniciales, la campaña fracasó: perdió una flota ante Cartago y sus tropas se redujeron a mercenarios. Al volver a Italia, sus elefantes fueron neutralizados con flechas incendiarias en la batalla de Benevento (274 a.C.). Derrotado, abandonó Italia y regresó a Epiro.
La muerte de Pirro
En 272 a.C., mientras luchaba en Argos, Pirro fue herido por una lanza de un joven argivo. Al girar, una anciana, posiblemente la madre del atacante, le arrojó una teja que le impactó en la cabeza. Aprovechando la confusión, un soldado de Antígono lo decapitó. Murió a los 47 años.