Giro la perilla de mi máquina del tiempo, la ajusto a "Antiguo Egipto" y, tras apretar los dientes, aparezco en medio del desierto ataviado con una túnica blanca. En mi mano derecha sostengo un ramo de lino con flores azules espectaculares, como si esperara a la novia en el altar. No hay altar, solo arena infinita.
Con la palma de la mano sobre los ojos para protegerme del sol, diviso una nube de polvo que se aproxima. Al acercarse, descubro la silueta de seis personas y sus asnos, uno sin jinete. Ofrezco mi ramo como saludo y respiro al ver que el jinete lleva uno similar.
—Bienvenido, Javier. Soy Pehernefer, escriba real. Ven conmigo.
Pehernefer, una réplica exacta del escriba tallado en el Louvre, me ayuda a subir al asno y repite el saludo descrito por Heródoto en su Historia.
El pigmento azul
Durante el trayecto, el escriba me pregunta si he visto un azul tan intenso como el de mis flores.
—En la naturaleza es raro encontrar ese tono; solo algunas flores y plumas de aves lo poseen. Nosotros lo producimos artificialmente para tumbas y esculturas. Mezclamos conchas marinas trituradas, cobre y arena del Nilo, lo calentamos a unos 900 °C durante horas, lo enfriamos y lo pulverizamos. —Es el primer pigmento creado artificialmente.
La casa y la primera bebida
Pehernefer me lleva a una casa de adobe rodeada de rocas. En el patio me sirven cerveza espesa y me ofrecen "kohl" como acompañamiento.
—¡Qué haces! ¡Es kohl! —grita el escriba entre risas.
El kohl es una mezcla de galena triturada y resina que se aplica alrededor de los ojos para protegerlos del sol y de los insectos.
Visita a la Gran Pirámide
Le pido a Pehernefer que me muestre la construcción del sepulcro del faraón Khufu. Tras montar de nuevo en los asnos, llegamos al sitio. Me invitan a subir a una pequeña colina para contemplar la obra en construcción.
Desde allí, el Nilo a la izquierda, la cantera a la derecha y la pirámide emergiendo entre ambos. La organización es asombrosa.
La cantera
Pehernefer explica que los bloques de piedra se transportan en trineos de madera. Un trabajador humedece la arena delante del trineo para compactarla y reducir la fricción a la mitad. La rampa ya supera los 40 m y la pirámide tiene casi el 80 % de su volumen.
—Los trabajadores no son esclavos, son asalariados. Cada ausencia, desde una picadura de escorpión hasta una resaca, queda registrada en los papiros.
Los registros administrativos
En una mesa, Pehernefer despliega varios papiros jeráticos que detallan materiales, salarios, incidentes y alimentación. Un ejemplo muestra ausencias por muerte de un hijo, picadura de escorpión o necesidad de preparar cerveza para una celebración.
Esta evidencia demuestra que los constructores eran obreros libres, no esclavos.
Ritos funerarios y creencias
El escriba me habla del Ka, Ba y Akh, y de por qué los cuerpos se momifican. Explica que la momia conserva la esencia del individuo para el viaje al Más Allá, y que los enterramientos varían según la riqueza.
—Los artesanos de la embalsamación son una hermandad que aprende el oficio de padre a hijo. Sus talleres se sitúan en los márgenes de la ciudad por el olor.
Gastronomía egipcia
Pehernefer me ofrece un banquete: ensalada de lechuga, sopa de habas y cebada, paloma rellena de arroz, carne asada, pescado del Nilo a la parrilla y pastelillos de higo con miel, todo acompañado de cerveza.
—La lechuga es sagrada, asociada a Min, dios de la fertilidad. Es un afrodisíaco de primera clase, pero no te excedas o te enamorarás de nuestras damas.
Curiosidades femeninas
Las mujeres egipcias utilizaban excremento de cocodrilo mezclado con miel como anticonceptivo y cañas acuáticas para absorber el flujo menstrual.
Arte y perspectiva
El escriba me explica el estilo del “perfil egipcio”: dioses en gran escala, faraones intermedios, gente común en menor tamaño; la piel clara indica mujer, la oscura hombre; la cabeza se dibuja de perfil con vista frontal del ojo y las cejas.
Despedida
Al caer el sol, Pehernefer me acompaña hasta el punto de partida. Me entrega agua y me recuerda que, aunque los obreros no eran esclavos, la esclavitud sí existía en Egipto.
—No olvides contar a tu gente lo que has visto. Los monumentos fueron construidos por hombres libres.
Regreso a mi época con una visión más clara del Antiguo Egipto: su tecnología, sus costumbres y, sobre todo, la dignidad de sus trabajadores.