Contexto y temores británicos
El estallido de la Revolución Francesa despertó en Londres una profunda alarma. Las autoridades temían que los ideales de libertad, igualdad y fraternidad cruzaran el Canal y alimentaran movimientos radicales en el Reino Unido.
Medidas adoptadas
Declaración de guerra (1793)
En febrero de 1793, bajo el gobierno de William Pitt el Joven, Gran Bretaña declaró la guerra a la República francesa. El conflicto, que se prolongó hasta 1815, se convirtió en una de las contiendas más costosas y sangrientas de la historia británica.
Leyes represivas
El Parlamento aprobó una serie de normas destinadas a suprimir la disidencia:
- Treason Act de 1795: tipificó como delito cualquier comentario o publicación que criticara al gobierno o a la monarquía.
- Seditious Meetings Act de 1795 y Combination Act de 1799: limitaron la reunión de grupos políticos y la organización de sindicatos.
- Suspensión del habeas corpus en 1794, permitiendo la detención sin juicio.
Vigilancia y detenciones
El gobierno instauró una extensa red de espías e informantes para vigilar a la población. Personas sospechosas de simpatizar con ideas revolucionarias fueron arrestadas y, en muchos casos, privadas de juicio.
Apoyo a contrarrevolucionarios franceses
Britania también financió y envió tropas a grupos que se oponían a la Revolución, como los realistas de la Vendée y los guerrilleros chouanes, con el objetivo de debilitar al nuevo régimen.
Consecuencias
Estas políticas lograron limitar la difusión de los ideales revolucionarios en Gran Bretaña, pero también generaron resentimiento entre amplios sectores de la sociedad, que percibieron una violación de sus libertades civiles.