Tanto Alemania como Japón dedicaron enormes recursos a la criptoanálisis durante la Segunda Guerra Mundial, pero ninguno logró descifrar de forma constante y masiva las comunicaciones de alto nivel de los Aliados.
Alemania
Organización de criptoanálisis
El aparato de inteligencia militar alemán, la Abwehr, contaba con una sección especializada llamada Chiffrierabteilung. Su misión principal era interceptar y romper los códigos de los países enemigos, incluidos los de los Aliados.
Descifrado de la máquina Enigma
El logro más famoso de los criptógrafos alemanes fue, en realidad, la mejora continua de la propia máquina Enigma, utilizada por sus fuerzas armadas. Los avances iniciales en la ruptura de Enigma fueron realizados por matemáticos polacos (Marian Rejewski, Jerzy Różycki y Henryk Zygalski) en la década de 1930.
Tras la captura de una máquina Enigma y sus libros de códigos a bordo de un submarino alemán en 1941, los Aliados, mediante el trabajo de Bletchley Park, lograron descifrar de forma regular la mayor parte del tráfico Enigma. Alemania, por su parte, nunca consiguió romper los sistemas de los Aliados con la misma constancia.
Japón
Esfuerzos de criptoanálisis naval
Japón concentró gran parte de su labor de descifrado en la Marina, a través de la unidad conocida como JN‑25. Logró algunos éxitos tempranos contra códigos diplomáticos estadounidenses y descifró ciertos códigos militares de bajo nivel al inicio del conflicto.
Código "PURPLE"
El mayor hito japonés fue la parcial descodificación del código diplomático estadounidense llamado PURPLE, utilizado por el Departamento de Estado. Los criptógrafos japoneses pudieron leer fragmentos de los mensajes, pero su éxito fue esporádico y limitado.
Estados Unidos cambió el algoritmo de PURPLE varias veces durante la guerra, lo que dificultó aún más los intentos japoneses de mantener una intercepción continua.
Importancia y consecuencias
Los avances de Alemania y Japón en criptoanálisis fueron modestos y no alteraron significativamente el desarrollo del conflicto. En contraste, la capacidad de los Aliados para romper los códigos alemanes y japoneses les otorgó una ventaja estratégica decisiva en múltiples campañas militares y decisiones de alto nivel.