Los Artículos de la Confederación (1777‑1781) crearon un gobierno central débil que, en varios aspectos, puso a prueba la soberanía de los estados.
1. Autoridad central limitada
El documento otorgó al gobierno nacional apenas poderes restringidos, mientras que cada estado conservó su independencia. Esta configuración dificultó que el gobierno central impusiera leyes y regulaciones en todo el territorio.
2. Ausencia de poder ejecutivo
A diferencia del sistema actual, los Artículos no establecieron una rama ejecutiva. En su lugar, un comité de delegados de los estados ejercía funciones ejecutivas, lo que ralentizaba la toma de decisiones y reducía la eficiencia.
3. Falta de facultad tributaria
El gobierno confederado no podía cobrar impuestos directamente a los ciudadanos; dependía de aportes voluntarios de los estados. Esta dependencia generó fondos insuficientes para funciones esenciales y limitó la capacidad de abordar problemas nacionales.
4. Votación unánime requerida
Decisiones cruciales, como declarar la guerra, necesitaban la aprobación de todos los estados. Un solo voto negativo podía bloquear la acción, dificultando la construcción de consensos y la respuesta rápida a crisis.
5. Regulación comercial inconsistente
Al no existir un marco uniforme de comercio, surgieron disputas entre estados por aranceles y barreras comerciales, obstaculizando el desarrollo de una economía nacional y provocando inestabilidad económica.
Estas limitaciones evidenciaron la necesidad de un gobierno federal más fuerte, lo que culminó con la redacción y ratificación de la Constitución de los Estados Unidos en 1789.