Muchos niños asocian el 6 de diciembre con la costumbre de dejar sus botas pulidas fuera de la puerta la noche anterior; esa noche, San Nicolás las llena de regalos como chocolate, pan de jengibre y frutos secos. Sin embargo, el santo es mucho más que un simple repartidor de presentes y su figura está marcada por hazañas heroicas.
¿Quién fue San Nicolás?
San Nicolás es una figura que, a lo largo de los siglos, se ha transformado en el mito que conocemos hoy, aunque su origen es histórico. Su nombre, de origen griego Nikólaos, significa “victoria del pueblo”. Vivió a principios del siglo IV y es recordado por su bondad y generosidad.
Poco se sabe con certeza sobre su vida. Nació entre 270 y 286 d.C. en Patara, territorio que hoy pertenece a Turquía. Según la tradición, fue ordenado sacerdote a los 19 años por su tío, aunque no hay pruebas documentales. Durante la persecución de cristianos bajo el emperador romano Diocleciano, habría sido preso y torturado; tras su liberación, se convirtió en obispo de Mira, donde realizó varios milagros, como calmar una tormenta y resucitar a varios muertos. Falleció el 6 de diciembre entre 345 y 350 d.C.
Solo unos 200 años después comenzó a surgir su culto, extendiéndose de Grecia a Europa del Este y, a partir del siglo X, también al mundo occidental. En Rusia alcanzó una popularidad excepcional, convirtiéndose no solo en patrón de diversas profesiones sino también en el santo patrono del país.
¿Bendición o castigo?
Para la mayoría de los niños, la llegada de San Nicolás es motivo de alegría: se aprenden poemas, se limpian las botas y se esperan los regalos. En épocas más antiguas, sin embargo, el santo también tenía un lado temible. A los niños que se portaban mal se les advertía que, en lugar de regalos, recibirían una vara, y que San Nicolás vendría acompañado de su ayudante, Knecht Ruprecht, quien conocía el comportamiento de cada pequeño.
Hoy en día esa dualidad se ha diluido: en muchas regiones San Nicolás, Papá Noel y Knecht Ruprecht se fusionan en una única figura —un anciano barbudo con un saco de regalos— que representa tanto la generosidad como la tradición.
Knecht Ruprecht: ¿auxiliar amable o adversario malévolo?
Knecht Ruprecht es el asistente de San Nicolás y recibe distintos nombres según la zona: Schmutzli en Suiza, Housecker en Luxemburgo, “Krampus” en Austria y Baviera, o “Zwarte Piet” en los Países Bajos. Suele aparecer con una túnica oscura, barba larga, una vara o bastón y una cesta de dulces; en versiones más siniestras, lleva piel y cuernos.
Documentado desde el siglo XVI, inicialmente representaba el mal y castigaba a los niños traviesos, reflejando la pedagogía basada en el miedo de la época. Con el tiempo, la figura evolucionó hacia un portador de regalos y ayudante benevolente de San Nicolás.
El juego del obispo: origen del regalo
La costumbre de disfrazarse de San Nicolás y repartir obsequios proviene del llamado “juego del obispo”, practicado en monasterios y escuelas monásticas. Un niño era nombrado obispo por un día, vestía ropas eclesiásticas y premiaba o reprendía a sus compañeros según su conducta. Originalmente se celebraba el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, y más tarde se trasladó al 6 de diciembre en honor a San Nicolás.
La leyenda del mercader sin dinero
El mercader pobre y los tres sacos de oro
Antes de ser obispo, Nicolás había heredado una considerable fortuna. Un mercader vecino, incapaz de pagar la dote de sus tres hijas, ideó venderlas a la prostitución. Al enterarse, San Nicolás arrojó secretamente una moneda de oro por la chimenea del mercader, permitiendo que la mayor se casara. Repetió el gesto dos veces más para sus otras hijas. Cuando el mercader descubrió al benefactor, éste le pidió silencio, pero el hombre no pudo guardar el secreto.
Esta historia inspiró que los adultos imitaran a San Nicolás, lanzando regalos a la habitación de los niños. Con el tiempo, para evitar que los mayores se apoderaran de los presentes, se empezó a depositarlos en recipientes la noche anterior.
Barcos y botas
Desde el siglo XV, los niños fabrican pequeñas barcas de papel o de otros materiales para que San Nicolás las llene de regalos. La razón de los barcos radica en que el santo es patrono de los marineros y salvó a numerosos navegantes de la muerte. Por eso, muchas iglesias costeras llevan su nombre y la barca se convirtió en un atributo simbólico de la festividad.
El uso de calcetines o botas para los regalos proviene de la misma leyenda del mercader: las monedas arrojadas por la chimenea se atascaban en una media. Al no existir recipientes específicos, la gente utilizó las botas o medias de los niños.
Tras la Reforma del siglo XVI, en regiones contrarreformistas la costumbre se transformó en una visita nocturna de un adulto disfrazado que verificaba el comportamiento de los niños. Los “buenos” recibían regalos y los “perezosos” eran reprendidos, una práctica que hoy se percibe más como una tradición lúdica que como castigo.
Otras leyendas
Existen múltiples relatos asociados a San Nicolás; algunos combinan a dos figuras históricas: Nicolás de Mira y el obispo de Pinara.
Una de las más sorprendentes narra que tres eruditos fueron asesinados por un posadero, desmembrados y sumergidos en salmuera. Al enterarse, San Nicolás confrontó al culpable, recuperó la salmuera y devolvió la vida a los académicos. Resurrecciones como esta forman parte de su repertorio milagroso.
Otra anécdota cuenta que, desde bebé, Nicolás mostraba una piedad extrema: solo tomaba leche materna una vez al día, cumpliendo con los ayunos de miércoles y viernes.
En resumen, las tradiciones atribuyen a San Nicolás hazañas como salvar a una comunidad de la hambruna, rescatar a un niño secuestrado mediante un torbellino, evitar ejecuciones injustas y hasta enfrentarse a la diosa Diana.