Historia antigua

Barbaren: el buen salvaje en la versión de Netflix

El trasfondo histórico de la serie Barbaren es fascinante. A partir del 12 a.C. una serie de campañas militares permitió a Roma dominar el territorio germano entre el Rin y el Elba. En el 9 d.C. Publius Quintilius Varo fue nombrado legado de la Germania Magna con la misión de consolidar la administración romana, lo que incluía instaurar un sistema impositivo. Entre sus colaboradores estaba Arminio, comandante de tropas auxiliares de origen querusco, cuya familia lo había enviado como rehén a Roma; allí obtuvo la ciudadanía y el rango ecuestre. Arminio convenció a varias tribus germánicas de seguir su liderazgo y, en septiembre del 9 d.C., engañó al ejército de Varo para que marchara por el Saltus Teutoburgensis, una zona boscosa y accidentada al norte del macizo de las Wiehengebirge, en Baja Sajonia. El terreno impidió que la larga columna romana luchara en formación. Durante tres días se sucedieron ataques y emboscadas hasta la batalla final entre un pantano y la colina de Kalkriese. Las legiones XVII, XVIII y XIX, acompañadas de dos ala de caballería y cinco cohortes auxiliares, fueron aniquiladas. La derrota obligó a Roma a retirarse al oeste del Rin, frontera que permanecería durante cuatro siglos entre el Imperio Romano y el Barbaricum.

El mito de Teutoburgo tardó más de un milenio en consolidarse. A comienzos del siglo XVI, Martín Lutero adoptó a Hermann (versión alemana de Arminio) como símbolo nacional en la lucha contra Roma. La victoria se presentó como providencial, garantizadora de la supervivencia de la cultura germánica, y alimentó el nacionalismo emergente. En los siglos XVIII y XIX, "el Liberador" protagonizó óperas y obras de teatro, como Die Hermannsschlacht (1808) de Heinrich von Kleist, un llamado a las armas contra la ocupación napoleónica. En 1924 apareció en pantalla grande bajo el título Die Hermannschlacht, una epopeya nacida del fervor patriótico de la República de Weimar. Con la llegada de los nazis, el cine alemán sirvió a la ideología del régimen; en 1936, la película Ewiger Wald abre con la victoria en Teutoburgo y la concluye presentando al nazismo como la culminación de un proceso histórico.

Desde la caída del Eje hasta la actualidad, Arminio y la batalla de Teutoburgo han aparecido en numerosos docudramas con una clara intención demistificadora. La historiografía alemana moderna tiende a relativizar la independencia obtenida en Teutoburgo: el rey querusco no logró una unión duradera de las tribus; fue asesinado por sus parientes en el 19 d.C., tres años después de ser derrotado por Germanico en Idistaviso. El concepto romano de imperium incluía el control de territorios satélites mediante diplomacia, tratados, comercio y "soft power", sin necesidad de ocupación militar permanente. El hallazgo de un antiguo campo de batalla a 100 km al este de Kalkriese, cerca de Kalefeld, confirma la presencia militar romana profunda en la Germania libera a comienzos del siglo III d.C.

Barbaren de Netflix: el regreso de Arminio

La serie de Netflix es la primera adaptación audiovisual importante de este personaje histórico tras casi noventa años. En una época marcada por la hipercorrección política y el resurgimiento del nacionalismo, llevar a la pantalla la varia lades resultó arriesgado. El punto más destacado es el riguroso trabajo de recreación de vestimentas y armamento, aunque las panoplias romanas están ligeramente desplazadas en el tiempo. Los escenarios son realistas, aunque limitados; la acción se desplaza continuamente entre el campamento romano y la aldea cherusca, repitiéndose hasta el clímax final sin subtramas o analepsis que alivien la sensación de claustrofobia. A pesar de contar con un elenco aceptable y una excelente producción técnica, los mayores fallos recaen en el guion: los acontecimientos se suceden sin una clara causalidad y se enredan en conflictos secundarios que desdibujan la trama, centrada en un triángulo amoroso entre Arminio, su esposa Thusnelda y el personaje ficticio Folkwin.

Barbaren: el buen salvaje en la versión de Netflix

En la serie, Thusnelda, hija del noble cherusco Segestes (quien advirtió a Varo del levantamiento), es amiga de la infancia de Arminio y se convierte en su esposa tras un romance imposible con Folkwin. En la realidad, Thusnelda fue “secuestrada” por Arminio después de la batalla de Teutoburgo y posteriormente entregada a los romanos por su padre, embarazada, como venganza por un intento de asesinato (Tac. Ann. 1.55‑57). Las licencias históricas no fortalecen la trama, sino que la enturbian. La revuelta se desencadena por el robo improbable de un águila legionaria del principia del campamento de Varo; Folkwin, presentado como protagonista, desaparece en los últimos episodios. El papel de vidente de Thusnelda actúa como deus ex machina para que su marido una a los germanos bajo su liderazgo. Arminio pasa a ser hijo adoptivo de Quintilio Varo, lo que genera un conflicto interno interesante pero no explica su traición.

El maniqueísmo de los personajes es evidente desde la primera escena. En The Script, Robert McKee insiste en dotar a los antagonistas de una psicología coherente y motivaciones creíbles, más allá del simple deseo de hacer el mal. En Barbaren la caracterización de los romanos tiene la sutileza de una película de Chuck Norris: los romanos sólo interactúan con los bárbaros de forma abusiva, ya sea verbal o físicamente. Odian a los rebeldes por rebelarse y desprecia a los colaboradores por someterse. En ocasiones aparecen destellos de humanidad, como el afecto de Varo por Arminio, pero en general se presentan como agentes de un holocausto inevitable en Teutoburgo.

Quintilio Varo no era un modelo de virtud. Entre 6 y 4 a.C. gobernó la Siria, provincia que, según Veleyo Patérculo (II.117,3), "recibía ricos mientras él era pobre y dejaba pobres mientras él era rico" tras sofocar una revuelta en Judea crucificando a dos mil judíos. No parece el candidato ideal para instaurar un sistema tributario; sin embargo, la traición de Arminio se alineó con las ambiciones personales que llevaron al asesinato de Varo. No es el único personaje adornado por la ficción: a finales de la época, los germanos habían amenazado a los celtas durante un siglo; el retrato de aldeanos indefensos ante el militarismo romano está tan alejado de la realidad como la idea de una nobleza rústica que vive fuera de la "perniciosa" influencia de la civilización.

El mito del buen salvaje en la historia

El mito del "buen salvaje" tiene raíces profundas. La primera descripción de los pueblos germánicos proviene del historiador romano Publio Cornelio Tácito, quien dedicó el breve tratado Germania a ellos y varios pasajes en sus Anales son nuestra mejor fuente sobre la rebelión de Arminio. Tácito presenta al querusco como el "libertador de Germania" y a su pueblo como una sociedad igualitaria donde las decisiones se toman en comunidad, sin usura, valorando la opinión de las mujeres y caracterizada por una sobriedad sorprendente. Según Tácito, los germanos tenían una moral tan alta que no necesitaban leyes.

Los eventos de los siglos IV‑V no confirman esa despreocupación por los bienes materiales, ni el derecho germánico respalda la supuesta posición privilegiada de la mujer. Cuando Tácito escribió, no buscaba glorificar virtudes germánicas sino criticar la corrupción de Roma, el poder decadente del Senado y la ostentación de su clase dominante. La dicotomía civilización‑barbarie era un tema recurrente en la literatura clásica; el retrato de una alteridad violenta y atrasada formaba parte inseparable de la identidad romana.

Barbaren: el buen salvaje en la versión de Netflix

Ya en la Ilustración, los paradigmas del bárbaro belicoso y del buen salvaje se consolidaron, respectivamente, en el pensamiento político de Thomas Hobbes y Jean‑Jacques Rousseau. En la era de la construcción de narrativas nacionales, el racismo pseudocientífico y la expansión colonial, los europeos se aferraron a uno u otro mito según convenía. Tanto el movimiento Völkisch como el nazismo adoptaron la supuesta nobleza de los germanos primitivos. Desde la perspectiva de la supuesta superioridad aria, resultaba difícil explicar que las "cunas de la civilización" surgieran entre los untermenschen. El buen salvaje se convirtió en un sustituto aceptable, y el Reichsführer Heinrich Himmler quiso apropiarse de los códices de la Germania.

Cine y series: entre cliché y corrección política

Dos guerras mundiales y los horrores de los grandes "‑ismos" del siglo XX destruyeron la fe en el progreso de la modernidad occidental y difundieron el mito rousseauniano. Antropólogos como Harry Turner‑High o Quincy Wright resaltaron la naturaleza esporádica y ritual de los choques tribales, y el egalitarismo de las sociedades cazadoras‑recolectoras. Bajo la sombra del posmodernismo francés surgieron los estudios poscoloniales. En Orientalismo, Edward Said describió cómo los europeos proyectaron valores negativos sobre asiáticos y africanos para legitimar su dominio colonial, perpetuando estereotipos de violencia, irracionalidad y sensualidad frente al racionalismo occidental.

El primer cambio paradigmático en el audiovisual se dio en el cine estadounidense, hegemónico tras la Segunda Guerra Mundial. El género western, que antes narraba la colonización de territorios vírgenes y la "pacificación" de los nativos, evolucionó con obras como Blue Soldier (1970), Little Big Man (1970) o Dances with Wolves (1990). Con el tiempo, la dignidad de los pueblos indígenas invirtió los dualismos morales, repitiendo el patrón: nativos pacíficos en armonía ecológica cuya existencia bucolica es abruptamente interrumpida por la agresión de la Modernidad. Este esquema se traslada sin crítica a cualquier escenario histórico, a veces bajo la excusa de que "la historia la escriben los vencedores". El conflicto deja de centrarse en el genocidio o la sumisión violenta y pasa a ser la defensa de un modo de vida ancestral frente a la aculturación. La rebelión samurái de Satsuma (1877) en The Last Samurai (2003) se transformó en un movimiento indigenista beatífico y metáfora del genocidio indígena. Sólo Apocalypto (2006) de Mel Gibson, de visión conservadora, escapa a esta tendencia.

No tardó en llegar este cliché a Roma, fuente de inspiración para nacionalismos y bases de la civilización occidental. Se percibe por primera vez en la serie Spartacus, pero sin duda el ejemplo más escandaloso de peplum indigenista es Barbarians: el despertar (2016), un docudrama del History Channel que presenta al mundo romano como una distopía esclavista, capitalista y colonial. Cartagineses, lusitanos y visigodos se agrupan bajo la misma categoría humana; guerras y conquistas de siete siglos se reducen a una causa común, y hasta Atilla entra en la Galia para vengar la derrota de Aníbal en Zama. Un carrusel de entrevistas con supuestos expertos sostiene esta tesis delirante, reflejo de ciertas "identidades políticas" que intentan agrupar bajo una misma bandera a múltiples identidades étnicas, raciales y de género mediante la mera oposición.

Barbaren: el buen salvaje en la versión de Netflix

El maniqueísmo de Barbaren no refleja un nacionalismo alemán estancado, sino los tópicos del cine histórico contemporáneo. Son pocos clichés que, según la recepción de la serie, pasan sin problemas por el filtro de la corrección política y complacen a quienes ven a la Germania libre como un santuario del ario puro. Esta paradoja muestra que la mitología del etno‑nacionalismo difiere poco, en su estructura ideológica, del indigenismo posmoderno: ambos defienden sociedades idílicas cuya pureza primordial debe preservarse de cualquier contaminación externa.

La reflexión final que los guionistas ponen en boca de Arminio, sentado frente a la cabeza decapitada de Varo, es que los bárbaros luchan para defender su cultura y forma de vida. Al observar, momentos después, a algunos germanos devorando los genitales recién amputados de un legionario, surge la duda de si esa forma de vida merece realmente ser defendida. En ese sentido, la idea dominante que la serie intenta transmitir está irremediablemente varada.

En conclusión

Quizá la pregunta sin respuesta sea: ¿existió realmente el buen salvaje? En su controvertido War before civilization (1996), Lawrence H. Keeley demuestra que los conflictos tribales fueron hasta veinte veces más mortíferos que las guerras europeas del siglo XX, tanto en porcentaje de población asesinada como en promedio anual de muertes respecto al total demográfico. Las formas más habituales de agresión fueron incursiones, batallas ritualizadas y masacres para exterminar grupos enteros. La etnografía documenta que los Dugum Dani de Nueva Guinea participaron en siete batallas y nueve incursiones en menos de seis meses; una aldea yanomami en el Amazonas fue asaltada 25 veces en poco más de un año, con muertes del 5‑15 % de su población. En Crow Creek, Dakota del Sur, arqueólogos hallaron una fosa común con más de 500 víctimas de una masacre que acabó con más de la mitad de la población del asentamiento, un siglo y medio antes de la llegada de Colón.

El salvaje noble encarnado podría haber sido el pueblo Moriori, habitantes de las Islas Chatham, a 800 km al sureste de Nueva Zelanda. Esta población aislada de apenas dos mil individuos tomaba decisiones en comunidad bajo la Ley Nunuku, un principio de no violencia. Cuando la confrontación era inevitable, los litigantes se enfrentaban con palos de pulgar en duelos hasta el primer sangrado. El 19 de noviembre de 1835 llegó un barco neozelandés con 500 maoríes, seguido por otro el 5 de diciembre con 400 más. Los Moriori debatieron si debían luchar o someterse; los ancianos defendieron la Ley Nunuku y renunciaron a la defensa, lo que resultó en que los maoríes "nos mataran como ovejas dondequiera que los encontraran". Los cuerpos fueron canibalizados, los supervivientes esclavizados y prohibidos de reproducirse; para 1863 solo quedaban cien Moriori.

Bibliografía

  • Abdale, J. R. (2016) Four Days in September: The Battle of Teutoburg. Barnsley: Pen & Sword Military.
  • Esteban Rivas, A. R. (2014) Águilas en Germania. Las campañas de Varo y Germanico en el Rin. Zaragoza: HRM Editions.
  • Keeley, L. H. (1996) War before civilization: The Myth of the Peaceful Savage. Oxford: Oxford University Press.
  • Krebs, C. B. (2011) The most dangerous book: The Germania of Tacitus, from the Roman Empire to the Third Reich. Barcelona: Editorial Crítica.
  • Winkler, M. M. (2015) Arminius the Liberator: Myth and Ideology. Oxford: Oxford University Press.