Historia antigua

La Joyosa, contemporánea del Cid; la Tizona, no

Durante siglos la historia se consideró un género literario. Los discursos de los protagonistas de las crónicas eran vistos como simples recursos expresivos; incluso Tacito señalaba cuando reproducía un discurso real (Hist. III, 39, 2). El origen de nuestra literatura se halla en la Iliada, un poema “histórico” que narra hechos del pasado del autor. Hasta hace poco no existía una preocupación especial por reflejar con fidelidad costumbres y cultura material. Fue el Romanticismo, con autores como Walter Scott, quien dio origen al género histórico contemporáneo, complicando la relación entre ficción y realidad.

En los últimos veinte años la crítica en internet se ha centrado en buscar anacronismos o errores en la novela histórica. Los autores son interrogados más por su veracidad histórica que por su mérito literario. Esta misma dinámica se ha trasladado al cine y la televisión: cada estreno genera una legión de “expertos” que desmenuzan los errores, reales o imaginarios, y a menudo reaccionan de forma histriónica cuando perciben una ofensa a símbolos sagrados o al nacionalismo. El fenómeno ha alcanzado su punto álgido con la serie de Amazon Prime El Cid, lo que invita a reflexionar sobre los límites del rigor histórico en obras audiovisuales.

Rodrigo Díaz el Cid: personaje histórico vs. héroe épico

Es preciso distinguir al Cid real, documentado en fuentes como la Historia Roderici o el Carmen Campidoctoris, del Cid mítico de los cantares de gesta. Esa "desmitificación" no le resta valor; al contrario, el Cid histórico resulta mucho más fascinante que su versión literaria. Sin embargo, la polémica surgió cuando la serie mostró al Cid empuñando la famosa Tizona, mientras que la espada Joyosa, asociada a Carlomagno, quedó en sus manos.

La Tizona y la Joyosa: historia de dos espadas

La Joyosa, contemporánea del Cid; la Tizona, no

Los cantares de gesta afirman que la Tizona (llamada Tizón hasta el siglo XIV) perteneció al rey Búcar de Marruecos y que El Cid la obtuvo en Valencia, lo que hace inviable que un joven Rodrigo la poseyera como escudero. No existe evidencia sólida de que el Cid tuviera una espada con ese nombre. La única referencia contemporánea proviene del Carmen Campidoctoris (vv. 105‑116), que describe su armamento sin mencionar la Tizona.

La espada que hoy se llama Tizona fue entregada por los Reyes Católicos al Marqués de Falces en el siglo XV; su hoja corresponde a un tipo Oakeshott XIX típico del siglo XV, y su empuñadura de doble arco data de 1500‑1520. Un estudio metalúrgico sugirió la presencia de acero andalusí del siglo XI en uno de sus fragmentos, pero la conclusión ha sido muy debatida y, en cualquier caso, la morfología no coincide con una espada del siglo XI.

La Joyosa, contemporánea del Cid; la Tizona, no

La Joyosa aparece en documentos del siglo XIII vinculada a la coronación de los reyes de Francia. Su empuñadura corresponde a un tipo X tardío (según Jan Petersen) del siglo XI, y la hoja se sitúa entre los tipos Geibig 6 y Oakeshott XI, también del siglo XI‑XII.

En resumen, ni la Tizona ni la Joyosa podrían haber pertenecido a Rodrigo Díaz o a Carlomagno, aunque una espada del Cid heredada de su padre podría haber sido similar a la Joyosa.

Rigor histórico y ficción: ¿un compromiso imposible?

La serie El Cid contiene numerosas licencias y errores históricos, pero sirve para analizar cómo se construye la documentación. El público demanda autenticidad aunque, en muchos casos, no distingue una espada renacentista de una del alto medievo. El rigor histórico aporta valor a los expertos, pero su exceso puede alejar la ficción del imaginario popular. Algunos críticos citan a Sidi de Arturo Pérez‑Reverte como modelo, aunque esa novela también está plagada de leyendas (Álvar Fáñez, la Jura de Santa Gadea, etc.).

En la narrativa histórica, la autenticidad y la verosimilitud son virtudes subjetivas. No existen criterios universales; cada crítico impone su propio canon. Además, las necesidades artísticas y presupuestarias influyen decisivamente. Los uniformes militares, por ejemplo, aparecen mucho después del siglo XVII; antes, los ejércitos usaban armas y vestimentas similares, lo que obliga a crear una uniformidad visual para el espectador.

La Joyosa, contemporánea del Cid; la Tizona, no

El vestuario es clave para construir personajes: colores, cortes y accesorios comunican rango social y personalidad. Sin embargo, los estándares estéticos actuales a menudo rechazan los tonos apagados y los materiales “auténticos”. Los grupos de recreación histórica demuestran que lo que se percibe como auténtico suele basarse en estereotipos (por ejemplo, los vikingos con estética de motociclistas).

En El Cid la mayor debilidad de los trajes no es la falta de precisión, sino la homogeneidad insuficiente. Los hijos de Fernando (Sancho, Alfonso y García) aparecen sin rasgos regios claros; los andaluces del siglo XI llevan turbantes y ropajes que pertenecen a períodos posteriores. La pregunta es si el espectador reconocería a un musulmán hispano con un traje “auténtico”.

La Joyosa, contemporánea del Cid; la Tizona, no

Las limitaciones económicas y logísticas también pesan. Vestir a cientos de extras en poco tiempo obliga a simplificar: las calzas medievales, originalmente hechas de dos piezas de lino, se sustituyen por pantalones de tela elástica con elástico en la cintura. La elección de armas suele basarse en lo que está disponible: se opta por la opción “menos mala”.

La Joyosa fue elegida en una reunión improvisada en Navalcarnero como espada decorada y arcaica para el protagonista, sin prever que se convertiría en el elemento promocional de la serie. Un replicado habría sido más apropiado, pero la decisión se mantuvo y se interpretó como una conspiración para manipular la historia española.

Una producción televisiva depende de cientos de profesionales; el asesor histórico rara vez tiene poder de veto y sus sugerencias pueden perderse entre departamentos. El rigor histórico, entonces, se convierte en un desafío que debe equilibrarse con la creatividad y los recursos.

Referencias

  • Bruhn de Hoffmeyer, A.: Arms & Armor in Spain: A Short Survey, Madrid: Instituto de Estudios sobre Armas Antiguas, 1972.
  • Martínez Díez, G.: The Historical Cid. An Exhaustive Study on the Real Rodrigo Díaz de Vivar, Barcelona: Planet, 1999.
  • Mínguez Fernández, J. M.: Alfonso VI. Power, Expansion and Internal Reorganization, Hondarribia: Nerea, 2000.
  • Oakeshott, E.: Records of the Medieval Sword, Woodbridge: Boydell, 1991.
  • Oakeshott, E.: The Sword in the Age of Chivalry, Woodbridge: Boydell, 1994.
  • Peirce, I.: Swords of the Viking Age, Woodbridge: Boydell, 2002.
  • Porrinas González, D.: El Cid, History and Myth of a Warlord, Madrid: Despierta Ferro Editions, 2019.
  • Soler del Campo, A.: Hispanic Medieval Weaponry, Madrid: A‑Z, 1987.
  • Soler del Campo, A.: The Evolution of Medieval Weaponry in the Castilian‑Leonese Kingdom and Al‑Andalus (12th‑14th centuries), Madrid: EME Publications Service, 1993.