Matvey Kuzmin, apodado «Biriuk» (Lobo Solitario), era un hombre de 83 años que vivía en una cabaña de madera entre los bosques de su pueblo natal, Kurakino, Rusia. En 1942, mientras la ofensiva nazi se intensificaba en la Unión Soviética, sus únicas preocupaciones eran la caza, la pesca y la leña… hasta que un día se cruzó con un batallón de la 1ª División de Montaña del ejército alemán.

El comandante alemán le ofreció comida, queroseno y un fusil nuevo a cambio de guiar a sus tropas a través del bosque para sorprender al Ejército Rojo por la retaguardia. Kuzmin aceptó el trato… o al menos eso hizo creer a los alemanes. Aunque no simpatizaba con el régimen de Stalin, tampoco era un traidor. Mientras los nazis planificaban su ataque, Kuzmin logró avisar a Vasilij (según versiones, su hijo o su nieto) del plan: cruzarían el bosque por la ruta más difícil para cansarlos y llegarían a las afueras de Malkino, donde el ejército rojo, advertido por Vasilij, los emboscaría.

Después de varias horas caminando, con la nieve hasta la rodilla, exhaustos y helados, llegaron al punto escogido para la trampa. Si Vasilij no hubiera llegado a tiempo, los alemanes habrían salido victoriosos. De repente, los soldados rojos surgieron de sus escondites y abrieron fuego con ametralladoras. Los alemanes cayeron en la emboscada. En medio del caos, el oficial alemán mató a Kuzmin antes de caer. Solo unos pocos soldados alemanes lograron escapar.

La historia de Kuzmin pasó desapercibida hasta que el periodista del Pravda, Boris Polevoy, escribió el artículo «El último día de Matvey Kuzmin», que más tarde se transformó en un cuento para niños.
En 1965 le fueron conferidos, a título póstumo, el título de Héroe de la Unión Soviética, convirtiéndose en la persona de mayor edad en recibir esta distinción.