Historia antigua

Un libro etrusco hallado dentro de una momia

Un libro etrusco hallado dentro de una momia
Fragmento del "Liber linteus" con inscripción en lengua etrusca, procedente de la "momia de Zagreb" – WIKIMEDIA COMMONS

En 1847‑1848 el secretario de la cancillería real de Viena, un croata llamado Mihael Barić, adquirió una momia en Egipto. En aquella época era habitual que viajeros compraran momias a traficantes locales y las trasladaran a Europa para exhibirlas en colecciones privadas o públicas. Barić la llevó a Viena y la mantuvo en una vitrina de cristal durante trece años. Tras su fallecimiento, su hermano Ilja heredó el objeto y lo donó, en 1861, al Museo Nacional de Zagreb, que desde 1940 funciona como Museo Arqueológico.

Una sorpresa entre las vendas

Como era costumbre en el siglo XIX, Barić retiró los vendajes de la momia para extraer amuletos y demás ornamentos funerarios. Al hacerlo descubrió, entre las capas de lino, varias tiras que mostraban un texto que no estaba escrito en egipcio. El hallazgo llamó de inmediato la atención de los investigadores, que intentaron sin éxito descifrarlo. En 1891 el egiptólogo Jakob Krall propuso identificar esos signos indescifrables como escritura etrusca.

Esto explica por qué el texto está sobre lino. Cuando pensamos en libros antiguos, la imagen que nos viene a la mente son los rollos de papiro, fabricados con las fibras del tallo de la planta homónima. Sin embargo, también se utilizaban otros materiales como cuero, pergamino (piel animal tratada y estirada) o, como en este caso, lino. El historiador romano Livio menciona que tanto etruscos como romanos empleaban libros de lino, por ejemplo, para los registros de magistrados.

Un texto de 1 330 palabras

Las tiras de lino con los fragmentos de escritura etrusca descubiertas en la momia proceden, según los especialistas, de un libro etrusco llamado Liber linteus zagrabiensis (hoy conocido como el “Libro de Lino de Zagreb”). Se trata de un rollo de lino de 340 cm de largo por casi 45 cm de alto, dividido en 12 columnas de 35 líneas cada una. El fragmento recuperado entre las vendas representa alrededor del 60 % del texto original, es decir, unas 1 330 palabras.

El tejido del lino indica que fue confeccionado en Etruria, pero, por razones desconocidas, el rollo fue enviado al territorio del Nilo poco después de su redacción, alrededor del siglo II a.C. Además, el Liber linteus no llegó a nosotros en su forma original; en Egipto fue cortado en siete tiras y reutilizado como vendajes para una momia del periodo ptolemaico (323‑30 a.C.). Esta práctica de reciclar lino para la momificación era habitual.

El “Liber linteus” originalmente tenía forma de pergamino. Fue dividido en siete largas tiras que sirvieron como vendajes para la momia de una mujer llamada Neskhonsu.

¿Quién ordenó su reutilización?

Los documentos administrativos que acompañaban a la momia al Museo de Zagreb indican que, entre las tiras de lino, también se halló un papiro que podría corresponder al papiro Zagreb 602, un Libro de los Muertos datado entre los siglos III‑II a.C. Este papiro estaba destinado a Pakherkhonsu, pero finalmente se utilizó para su esposa Neskhonsu, quizá porque ella falleció antes que él.

En los títulos inscritos en el papiro aparece el de “supervisor de tejidos o vestimentas”, una función religiosa que gestionaba los tejidos destinados a vestir la estatua del dios Amón en el gran templo de Karnak. Por tanto, es plausible que, en el ejercicio de su cargo, Pakherkhonsu haya ordenado cortar el Liber linteus y emplearlo como vendajes para la momia de su esposa.

Un significado aún misterioso

El contenido del Liber linteus sigue sin ser comprendido. La lengua etrusca es, hoy día, en gran parte un enigma. Se escribe de derecha a izquierda con el alfabeto griego arcaico, introducido en la península itálica por colonos griegos en el siglo VIII a.C. Aunque los signos tienen valores fonéticos semejantes a los del griego, su significado permanece inaccesible porque el etrusco, al igual que el íbero, apenas ha sido descifrado. Sabemos que no es una lengua indoeuropea como el latín o el griego y que no parece estar relacionada con ninguna lengua conocida, lo que dificulta enormemente su interpretación.

Conocemos nombres propios, títulos, topónimos y algunas palabras gracias al estudio comparado de unas 13 000 inscripciones etruscas y a las referencias que autores latinos hacen a términos etruscos. De hecho, el latín adoptó vocablos etruscos que aún usamos, como “elemento” (del etrusco que significaba “letra del alfabeto”), “histrión” (de histrio, “actor”) o “persona” (del etrusco phersu, “máscara”). Estas pistas nos permiten traducir parcialmente algunas líneas del Liber linteus.

El documento parece ser de carácter oficial y contiene la mención de cerca de 15 rituales organizados a lo largo del año, vinculados a los solsticios y equinoccios y a la división del año en cuatro estaciones. Probablemente fue redactado por una fraternidad religiosa; incluye fechas, deidades, tipos de sacerdotes, acciones rituales y ofrendas. La frecuente alusión a lugares de agua y bosques sugiere que los ritos se realizaban fuera de la ciudad, en corrientes y sitios sagrados acuáticos, quizá con connotaciones funerarias. Las deidades mencionadas parecen ser dioses de la luz y la oscuridad, asociados al cambio de estaciones, a los genios o musas vinculados a los dioses Tinia y Nethuns, equivalentes a Júpiter y Neptuno en la tradición romana.

¿Quién era la fallecida?

La momia que contenía el Liber linteus pertenece a una mujer de entre 30 y 40 años, de 1,64 m de altura. Llevaba bajo los vendajes un collar y un tocado de flores, además de restos de oro y fragmentos de un cráneo de gato. Los análisis no revelaron patologías que expliquen su muerte.