En la Antigua Roma existía una gran variedad de recipientes para beber, fabricados en cerámica, vidrio y metales. La elección del material dependía en gran medida del nivel social del usuario: los aristócratas preferían copas de oro o plata, mientras que la población más humilde se conformaba con vasijas de barro o madera.
Tipos de vasos más habituales
Cupas (poculae)
Pequeñas y sin asas, servían para el vino o el agua. Se hallaban en cerámica, vidrio o metal.
Platos hondos (paterae)
Vasijas poco profundas y de boca ancha, usadas también para vino y agua, principalmente de barro o vidrio.
Cálices (calices)
Copas altas con pie, de boca amplia, fabricadas en cerámica, vidrio o metal, destinadas al consumo de vino en banquetes.
Ánforas (amphorae)
Grandes recipientes de cuello estrecho, empleados para almacenar y transportar vino o agua. Generalmente de barro, aunque también se producían en vidrio.
Lagenas (lagenae)
Pequeñas botellas de cuello estrecho, útiles para el transporte personal de vino o agua, hechas de cerámica o vidrio.
Además de estos vasos, los romanos a veces bebían de objetos inusuales como conchas marinas, cuernos de animales e incluso cráneos, especialmente en contextos festivos o rituales.