Fundación y organización política
Tras la caída de la monarquía, la República romana se estableció en el 509 a.C. Su gobierno se basaba en el Senado, compuesto por miembros de las familias patricias más influyentes, y en los cargos electos por la asamblea de ciudadanos.
Clases sociales
La sociedad estaba dividida en patricios (la aristocracia terrateniente) y plebeyos (la mayoría de la población). Sólo los patricios podían ser senadores, aunque con el tiempo los plebeyos lograron acceder a cargos públicos mediante reformas.
Los esclavos, procedentes en su mayoría del norte de África, no tenían derechos políticos y eran considerados propiedad. Algunos esclavos eran liberados en la vejez, pero seguían sin participar en la vida cívica.
Conflictos internos
Durante los primeros siglos, la República estuvo marcada por violentas luchas entre patricios y plebeyos. Los plebeyos protestaban por la falta de representación y por la enorme desigualdad económica; las revueltas culminaron en la concesión de derechos civiles y, eventualmente, en la posibilidad de que algunos plebeyos accedieran al Senado.
Expansión territorial
A pesar de sus tensiones internas, Roma extendió su dominio más allá de la península itálica, controlando Sicilia, Cerdeña, la península ibérica, el norte de África, el sur de la Galia y gran parte del Mediterráneo oriental.
Guerras púnicas
El principal rival fue Cartago, una potencia situada en el norte de África. Entre ambas potencias se libraron tres conflictos conocidos como Guerras Púnicas:
- Primera Guerra Púnica (264‑241 a.C.): Roma salió victoriosa y se apoderó de Sicilia.
- Segunda Guerra Púnica (218‑201 a.C.): liderada por el general cartaginés Aníbal, quien cruzó los Alpes y derrotó a los romanos en la batalla de Cannas (216 a.C.). Sin embargo, Roma recuperó el control naval y, tras años de guerra de desgaste, venció a Aníbal en la batalla de Zama (202 a.C.).
- Tercera Guerra Púnica (149‑146 a.C.): Roma asedió y destruyó Cartago, borrándola del mapa y consolidando su hegemonía en el Mediterráneo.
Legado
Los romanos crearon instituciones jurídicas y administrativas que influyeron en códigos posteriores, como el Código Napoleónico y el Código de Justiniano. Muchas de sus tradiciones políticas y legales perduran en los sistemas modernos de gobierno y en organizaciones internacionales.