Historia antigua

Formigues: la victoria naval que Roger de Lauria usó para frenar la invasión francesa de Cataluña

Contexto de la contienda

Tras la Guerra de los Cerdeños, el conflicto entre Carlos de Anjou y Pedro III de Aragón por el trono del Reino de Sicilia se prolongó hasta 1285. En esa fecha, una flota comandada por Roger de Lauria derrotó a la armada franco‑genovesa que apoyaba una invasión terrestre de Cataluña. La victoria se produjo en la batalla de Formigues, poniendo fin a la campaña y permitiendo la ocupación del Reino de Mallorca.

Los responsables de la invasión

El intento de invasión no fue ordenado por Carlos de Anjou, que estaba ocupado defendiendo el Reino de Nápoles. Fue el rey francés Felipe III el Bravo quien, con doble objetivo, decidió atacar Cataluña: ayudar a su primo Carlos de Anjou abriendo un segundo frente que obligara a los aragoneses a retirar la presión del sur de Italia, y apoderarse del condado para convertirlo en reino de su hijo Carlos de Valois, reivindicante por ser hijo de Isabel de Aragón.

Para lograrlo contó con varios aliados, a quienes el Papa Martín IV declaró cruzada contra la Corona de Aragón:

  • La República de Génova, temerosa del poderío marítimo aragonés.
  • Jaime II de Mallorca, hermano del rey Pedro III y descontento por haber heredado un reino menor.
  • Los Estados Pontificios, bajo el papado francés.
  • El Reino de Navarra y la señoría de Albarracín, como aliados menores.

Situación interna en Aragón

Pedro III contaba únicamente con tropas catalanas y valencianas, ya que la nobleza aragonesa se rehusó a ayudarle. En 1283, los nobles presentaron una serie de quejas contra los intentos del monarca de imponer su autoridad, exigiendo la preservación de privilegios, la eliminación de impuestos como el bovaje y la extensión de los Fueros de Aragón a Valencia.

El rey concedió un Privilegio General en las Cortes de Zaragoza, intentando apaciguar a la nobleza y evitar la formación de la futura Unión de Aragón.

Invasión navarra

En 1284, Eustaquio de Beaucharnais, gobernador de Navarra, cruzó a territorio aragonés con un ejército francés, tomando el castillo de Ull y asaltando poblaciones como Lerda, Filera, Bailo, Arbués y Berdún. Tras una breve tregua, la guerra se reanudó y los navarros, apoyados por Auger de Les, lograron controlar el Valle de Arán.

La cruzada contra Aragón

En 1285, Carlos de Valois, de catorce años, fue coronado rey de Aragón por el Papa Martín IV, una muestra del carácter religioso de la cruzada. Se reunieron alrededor de 200.000 hombres en Narbona, entre infantería y caballería, y el rey de Mallorca, Jaime II, facilitó el paso de las tropas por sus dominios.

Los cruzados, sin embargo, encontraron resistencia en Roussillon y Cerdanya, donde la población local se enfrentó a los franceses en lugares como Salses y Perpiñán.

Defensa catalana y llegada de Lauria

Los catalanes, bajo el infante Alfonso, organizaron una escuadra de once galeras comandadas por los almirantes Berenguer Mallol y Ramón Marquet. Mientras tanto, Roger de Lauria partió de Palermo con una flota de cuarenta barcos, llegando a Barcelona el 24 de agosto de 1285.

La batalla de Formigues

Las fuerzas de Lauría, acompañadas por Mallol y Marquet, se enfrentaron a una armada de unas cuarenta galeras francogenuesas alrededor del archipiélago de Formigues, frente a Palamós. El enemigo estaba mal distribuido: entre 15 y 20 galeras francesas bajo el occitano Berenguer Guillem de Lodeva y 10‑16 genovesas comandadas por Enrico de Mari y Giovanni de Orreo.

Para crear la ilusión de una flota mayor, Lauría ordenó que cada galera encendiera dos faroles en popa. En la noche del 28 de agosto, su escuadra irrumpió en el centro enemigo, usando los arietes y una lluvia de saetas de ballesta que paralizó la defensa rival. El pánico se apoderó de los cruzados, que perdieron entre quince y veinte galeras, hundidas o capturadas.

Solo algunas galeras genovesas lograron escapar; la crónica francesa culpó al almirante francés de traición, según el trovador Joan Esteve de Bezers.

Lauría no se detuvo allí: la noche del 3 de septiembre atacó la zona de Rosas, donde reposaban cincuenta barcos con provisiones para el ejército terrestre, logrando una victoria total.

Consecuencias

Se estima que apenas 260 franceses sobrevivieron a los combates, muchos de ellos ciegos o heridos. El crónico Bernat Desclot relata que enviaron un mensaje urgente al rey Felipe III el Bravo.

La derrota marcó el fin práctico de la cruzada: sin suministros y azotada por una epidemia, la invasión se desmoronó. Los franceses evacuaron Girona y se retiraron de Ampurdán, sufriendo más ataques en Besalú, Le Perthus y el Coll de Panissars.

Pedro III, sin embargo, buscó venganza contra su hermano Jaime II, tomando Mallorca. Murió en noviembre de 1285; su hijo Alfonso III continuó la expansión, incorporando Ibiza y, en 1287, Menorca. Jaime II recuperó las Islas Baleares solo en 1295, mediante el Tratado de Anagni.

Otros vencidos fueron Juan Núñez de Lara, cuyo señorío de Albarracín pasó a la Corona de Aragón, y la región de Languedoc, invadida por 2.000 almogávares bajo Lauría en 1286.

El hijo de Felipe III, Carlos de Valois, nunca llegó a reinar en Aragón y, tras el Tratado de Anagni de 1295, renunció definitivamente al trono.