Los primeros años
Grigori Rasputín nació en 1869 en la siberia rural, hijo de una familia de campesinos. No recibió educación formal y desde joven se dedicó al robo, la embriaguez y otras actividades delictivas. A los 18 años se casó y, en 1897, realizó una peregrinación que, según él, lo transformó. Durante el viaje conoció al anciano Makarios, quien le enseñó a leer y escribir y lo animó a abandonar la vida solitaria.
De peregrino a influyente en San Petersburgo
Al regresar, Rasputín se convirtió en peregrino errante y, alrededor del año 1900, llegó al monasterio de Monte Athos. Allí reunió a un pequeño grupo de seguidores y fundó una “iglesia” sin ordenación clerical, donde se rumoraba la práctica de rituales orgiásticos.
Su reputación como “sanador” creció y, convencido a varios clérigos de su supuesta santidad, viajó a San Petersburgo. Allí conoció al archimandrita Teófanis, confesor del zar Nicolás II y la zarina Alejandra, quien se convirtió en su principal puerta de entrada a la alta sociedad zarista. El 1 de noviembre de 1905 Rasputín se presentó ante el monarca y su esposa.
El consejo de la zarina y la influencia en la familia imperial
La zarina, afligida por la hemofilia de su hijo Alexéi, vio en Rasputín a un mensajero divino y, a partir de 1906, lo incorporó como terapeuta del heredero. Rasputín obtuvo una posición permanente en el palacio; muchos funcionarios debían sobornarlo –con dinero o favores sexuales– para acercarse al zar. Se rumoró incluso que mantenía una relación íntima con la zarina, convencida de que su cercanía curaría al príncipe.
Rasputín y la Primera Guerra Mundial
Durante la Gran Guerra, Rasputín culpó al Gran Duque Nicolás de las derrotas militares de 1914‑1915 y logró su destitución. Además, persuadió a la zarina y al zar para que el propio Nicolás asumiera la dirección estratégica del ejército, a pesar de su falta de experiencia militar. Mientras el zar se convertía en comandante‑en‑jefe, dejó a su esposa como regente, convirtiéndola en una pieza clave en manos de Rasputín.
El descontento popular creció: algunos lo acusaban de ser agente alemán y de haber influido en la destitución del primer ministro, del ministro del Interior y del ministro de Guerra, sustituyéndolos por funcionarios corruptos que enriquecían a costa del hambre del pueblo.
Conspiración y asesinato
En diciembre de 1916, el príncipe Félix Yusúpov lideró una trama para eliminar a Rasputín. Tras una cena en la casa de Yusúpov, le administraron cianuro que no le afectó; entonces le dispararon. Rasputín sobrevivió al primer tiro, atacó a Yusúpov y recibió dos balas más de otro conspirador antes de morir.
Su cuerpo fue envuelto y arrojado al río Neva, donde fue recuperado. La policía identificó a los conspiradores, pero Yusúpov los sobornó y silenciaron el caso. Sólo el zar y la zarina asistieron al funeral, junto a unos pocos miembros de su círculo; la esposa, amantes y niños de Rasputín fueron excluidos.
Legado y teorías posteriores
Tras la caída del zarismo, soldados desenterraron el cuerpo y lo incendiaron. Algunas fuentes sugieren la participación del servicio secreto británico, que habría visto a Rasputín como un obstáculo para la victoria aliada. Se rumorea que intentó convencer al zar de firmar la paz con Alemania, traicionando a los aliados de la Entente.
Cartel de la época que representa a Rasputín dominando al zar y a la zarina.