Historia antigua

Más allá de Jutlandia: Vida y legado del almirante Sir John Jellicoe

Más allá de Jutlandia: Vida y legado del almirante Sir John Jellicoe

Un año después de la Batalla de Jutlandia, el primer ministro Lloyd George criticó duramente a los almirantes que se opusieron a los convoyes, y entre ellos figuraba injustamente a John Jellicoe. El almirante, que había estimado que la lucha contra los submarinos era un reto mucho más complejo, fue destituido al final de 1917. Sin embargo, su aporte al desarrollo naval se reconoce plenamente hoy.

John Rushworth Jellicoe (1859‑1935) nació cuando las tradiciones navales británicas, basadas en siglos de supremacía, estaban cambiando por la tecnología y la sociedad. El mar estaba en su sangre: su padre capitán de navío a los 21 años y un ancestro, un almirante, había luchado junto a Nelson en Trafalgar. Desde temprana edad, J.R.J. supo que su destino sería la grandeza. Inició su formación naval a los trece años, obtuvo primero en los cuatro cursos del HMS Britannia y se graduó con certificado de excelencia en 1874, convirtiéndose en aprendiz.

A un paso con la modernidad

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Al igual que otros almirantes de la era dreadnought, J.R.J. formó sus bases durante la época de la vela. Su primer encauzamiento fue a bordo del HMS Duke of Wellington, una fragata de 131 cañones que inspiró el nombre de su propia flota, el HMS Iron Duke. En el HMS Agincourt decidió especializarse en artillería. En 1884 fue nombrado profesor en el HMS Excellent, la escuela de artillería en Whale Island, bajo la tutela de Jacky Fisher. Allí ayudó a diseñar dos piezas que revolucionarían la guerra naval: el cañón estándar de 120 mm y el QF de 152 mm.

Su carrera se disparó: en 1891, a los treinta y uno, ascendido a capitán de fragata y subsecuentemente comandante de segundo al mando del HMS Sans Pareil. Un año después pasó al HMS Victoria, la insignia del almirante Sir George Tryon, donde el desastre del 27 octubre de 1893 lo obligó a huir del hundimiento de la nave, salvando su vida.

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Más tarde sirvió como capitán del HMS Centurion en la flota china. Allí estableció contactos clave con figuras alemanas y estadounidenses, incluyendo al almirante Herman von Holtzendorff y al futuro diplomático William S. Sims. Su amistad con Sims resultó vital para la cooperación naviera con Estados Unidos en la guerra.

Durante su estancia en los astilleros de Glasgow conoció a Gwendoline Cayzer, se enamoró y se casó en 1902. Tras una etapa como jefe de la oficina de construcción naval, participó en el diseño del HMS Dreadnought en 1904, siendo responsable del armamento principal.

Como jefe del comité de artillería en 1907, denunció la deficiencia de municiones británicas y solicitó el desarrollo de proyectiles perforantes, una idea que, aunque retrasada, resultaría crucial en Jutlandia.

El patrocinio de Fisher lo llevó a ascender a contralmirante y a comandar la flota atlántica. Más tarde, en 1912, fue nombrado tercer Lord del Mar y controlador del Admiralty, una posición que lo colocó en el centro de la polémica entre la construcción de dreadnoughts y el desarrollo del Estado de bienestar.

Jellicoe y la Batalla de Jutlandia

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El resultado de la batalla de Jutlandia fue un debate intenso dentro de la Marina, con la rivalidad entre Jellicoe y Beatty. Jellicoe fue criticado por su cautela y por el riguroso orden de combate (GFBO), considerado demasiado detallado y restrictivo. A pesar de ello, logró mantener el status quo británico y la superioridad marítima.

Beatty, tras la batalla, mantuvo el GFBO casi intacto hasta 1918, pero introdujo el resumen de tres páginas (GFBI) con instrucciones de combate inspiradas en Nelson. El cambio de Jellicoe a Beatty no alteró fundamentalmente la estrategia, aunque sí añadió un capítulo sobre aviación y redujo la extensión del documento.

Su decisión de alejarse de la amenaza de torpedos el 31 de mayo se vio como falta de ofensiva, pero era la opción lógica para proteger la flota. Las deficiencias en la gestión de la información y la falta de apoyo constante a los buques de reconocimiento son puntos de crítica recurrentes.

Aunque Jellicoe no delegó de forma eficiente ni mostró lealtad ciega a oficiales como el almirante Jerram, sus observaciones sobre la construcción alemana y la inferioridad de la artillería británica resultaron acertadas.

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Al renunciar el 28 de noviembre de 1916, el almirante gozaba del respeto total de su flota.

Lucha antisubmarina

Encomendado por Asquith, Jellicoe asumió la primera Sea Lord y creó la División Antisubmarina. Reunió a oficiales clave: Alexander Duff, William Fisher, Frederick Dreyer y Lionel Halsey para coordinar recursos y estrategias.

La campaña de submarinos sin restricciones de Alemania en 1917 provocó pérdidas de 860 000 toneladas en abril. El ingreso de la Marina estadounidense en mayo y la creación de convoyes con los nuevos destroyers fueron decisivos para contener la amenaza.

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El convoy se convirtió en la herramienta más eficaz contra submarinos, aunque la combinación de tecnologías como el ASDIC, bombas de profundidad y patrullas aéreas también jugó un papel crucial. La inteligencia, con la contribución de la Sala 40, empezó a usar metadatos y patrones de comunicación, desplazándose de la simple descodificación.

La estrategia naval británica buscaba estrangular la economía y la voluntad de combate alemana a largo plazo, manteniendo la superioridad y evitando riesgos. La frase de David Beatty, “cuando ganas, no arriesgues”, resume la filosofía de Jellicoe.


El autor, Nicholas Jellicoe, nieto del almirante, es creador del sitio jutland1916.com y del vídeo animado de la Batalla de Jutlandia. Actualmente escribe Los últimos días de la Flota de Altas Mar, sobre la hundición de la flota alemana en Scapa Flow en 1919.


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