Introducción
Cuando la investigadora Charlotte Pearson examinó un pequeño trozo de madera antigua del tamaño de una palma, observó que uno de los anillos era inusualmente estrecho. Tres años después, con nuevas metodologías y tecnología, descubrió que ese anillo podría marcar el año en que el volcán de Tera (la isla griega de Santorini) entró en erupción durante la civilización minoica. La fecha de esa catástrofe, una de las mayores que la humanidad ha presenciado, ha sido objeto de debate durante décadas.
Metodología híbrida
Pearson, profesora de dendrocronología y antropología en la Universidad de Arizona, es la autora principal de un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. En él, ella y sus colegas describen un enfoque híbrido que asigna fechas calendario a una secuencia de anillos de árbol, limitando el periodo de la erupción de Tera a un año concreto. Los resultados apuntan a una fecha alrededor de 1560 a.C.
Cómo funcionan los anillos de los árboles
Los árboles crecen según las condiciones de su entorno. Cada año forman una nueva capa concéntrica, conocida como anillo de crecimiento, que registra datos sobre precipitación, temperatura, incendios forestales, composición del suelo y, en ocasiones, actividad solar.
Al superponer secuencias de anillos de diferentes edades, los científicos pueden cubrir cientos o miles de años, proporcionando información climática del pasado y del contexto de las civilizaciones contemporáneas.
El problema del «cronología flotante»
«La línea de tiempo más larga del mundo llega a 12 000 años, pero en el Mediterráneo no contamos con un registro continuo hasta la época de Thera», explica Pearson. «Tenemos muy bien documentados los últimos 2 000 años, pero hay un vacío para períodos anteriores. Poseemos anillos de árbol de esas épocas, pero desconocemos a qué años corresponden. A eso llamamos una ‘cronología flotante’».
Rellenar ese vacío ayudaría a precisar la fecha de la erupción y a ofrecer un contexto climático para las civilizaciones que surgieron y desaparecieron durante la Edad del Bronce y del Hierro (entre 5 000 y 2 500 años atrás).
Importancia de una fecha exacta
«Hasta que no podamos colocar un año exacto en la escala de los acontecimientos, el impacto es limitado», afirma Pearson. «Este estudio se basa en la cronología de Peter Kuniholm, mi coautor, quien ha reunido más de 45 años de trabajo. Ahora podemos fecharla de una manera antes imposible».
El laboratorio de dendrocronología de la Universidad de Arizona
Fundado en 1937, el laboratorio alberga la colección que dio origen a la dendrocronología y es la más grande del mundo. Investigadores de todo el planeta acuden a usar sus muestras, que incluyen restos de bosques y sitios arqueológicos desaparecidos.
Entre los materiales destaca la madera del túmulo de Midas en Gordio, Turquía, atribuida a un antepasado del rey Midas. Desde esas piezas, Kuniholm ha construido una cronología de anillos de árbol del Mediterráneo que abarca más de 2 000 años, incluidos los que vivieron durante la erupción de Thera.
Aunque la cronología era extensa, nunca había sido fechada. El equipo decidió probar un método nuevo.
Uso del carbono‑14 para anclar la cronología
Los rayos cósmicos generan carbono‑14 en la atmósfera; este isótopo se incorpora a todos los seres vivos, incluidos los anillos de los árboles. Cada anillo conserva la proporción de carbono‑14 del año en que se formó, creando un patrón que varía con el tiempo y que debería coincidir en todo el planeta.
Pearson y su equipo compararon los patrones de carbono‑14 de los anillos de Gordio con secuencias de anillos ya fechados mediante calendario, anclando así la cronología flotante.
«Es una forma novedosa de fijar cronologías flotantes usando la precisión anual de los anillos», señaló Pearson.
Validación con pinos de cerezo de América del Norte
Para corroborar sus resultados, recurrieron a anillos fechados de pinos de cerezo de alta montaña de la costa oeste de Norteamérica, que vivieron al mismo tiempo que los árboles de Gordio.
«Cuando ocurre una gran erupción volcánica, el tejido del árbol suele quedar marcado por la congelación durante la temporada de crecimiento, creando un anillo estrecho», explicó el segundo autor Matthew Salzer. «Comparamos esas fechas con los anillos más anchos de los árboles mediterráneos, que responden a volcanes con mayor crecimiento. Los anillos coincidieron, lo que confirma que nuestro fechamiento es probable».
Detección química mediante fluorescencia de rayos X
El equipo también utilizó un escáner de fluorescencia de rayos X para buscar cambios químicos en la madera.
«Escaneamos todo el periodo en que se sabe que ocurrió la erupción de Tera y detectamos una leve disminución de calcio justo donde había observado el anillo más estrecho», indicó Pearson. «Aunque es una fluctuación mínima, es significativa y aparece solo alrededor de 1560 a.C. Por eso sugerimos que esa podría ser la fecha de la erupción».
Algo alteró la química del entorno del árbol; la deposición ácida de un volcán es una posibilidad, al igual que un incendio forestal. Dado que la fecha coincide con otros marcadores de anillos vinculados a una gran erupción, la hipótesis merece más investigación.
«Para hacer buena ciencia hay que investigar todo y mantener la mente abierta hasta contar con suficientes datos», afirmó Pearson. «Este es otro pequeño pero valioso fragmento del rompecabezas».