La corrupción no es un fenómeno exclusivo de la era moderna; los timadores y oportunistas han existido desde tiempos inmemoriales. En la Roma republicana también hubo casos notorios, como el fraude de naufragio perpetrado a finales del siglo III a.C. por el publicano Marco Postumio Pirgense y su cómplice Tito Pomponio Veientano.
Contexto histórico
Los hechos se desarrollan en plena Segunda Guerra Púnica, conflicto que volvió a enfrentar a Roma y Cartago por el control del Mediterráneo occidental. Tras la primera guerra (264‑241 a.C.), Roma había asegurado Sicilia, Córcega y Cerdeña. Veintitrés años después, la dinastía Barca, liderada por Aníbal, volvió a amenazar la hegemonía romana al lanzar su famosa expedición a Italia, logrando victorias en Trebia, Trasimeno y Cannae.
Ante la presión militar, Roma se vio obligada a organizar rápidamente el suministro de armas y víveres a sus legiones. El cónsul Quintus Fulvius Flaccus convocó una contio (asamblea) para subastar al mejor postor el equipamiento necesario, garantizando a los adjudicatarios una indemnización por el seguro del transporte.
El fraude del naufragio
Marco Postumio Pirgense, publicano y recaudador de impuestos, aprovechó la situación para lucrarse. Según Tito Livio, él y Tito Pomponio Veientano «engañaron a la República con una astucia que no tenía precedentes». Su método era sencillo:
- Alquilar o incluso fingir la existencia de barcos en mal estado.
- Declarar falsamente que los buques estaban cargados al máximo.
- Hundir deliberadamente los barcos en alta mar, simulando un naufragio provocado por una tormenta.
- Presentar el reclamo de seguro al Estado, que estaba obligado a pagar la indemnización pactada.
En algunos casos ni siquiera utilizaban barcos reales; simplemente registraban la pérdida para cobrar la prima.
Reacción del Senado y los tribunos
El abuso pronto generó protestas. En 213 a.C., el pretor Marco Aemilio Lépido denunció el fraude ante el Senado, aunque sin éxito, pues temían perjudicar el suministro militar. La sospecha de que algunos senadores se quedaban con una parte del dinero facilitó la expansión del escándalo.
En el año siguiente, los tribunos de la plebe Spurio Carvilius y Lucio Carvilius propusieron multar a Postumio con 200 000 ases. El publicano contó con el apoyo del tribuno Gayo Servilio Casca, que ejerció su veto para bloquear la votación. Cuando finalmente se reunió la asamblea en el Capitolio, estalló un enfrentamiento entre la clase ecuestre (los publicanos) y la plebe, que obligó al cónsul Fulvius a disolver la reunión para evitar una insurrección.
Consecuencias y exilio
El Senado consideró que el fraude constituía un acto de violencia contra el Estado y, ante la imposibilidad de imponer la multa, ordenó la prisión de Postumio si no pagaba la suma exigida. Ante la presión, el publicano ofreció una fianza, pero no compareció. Los tribunos le dieron un plazo hasta las calendas de mayo; al no presentarse, fue condenado al exilio y a la confiscación de sus bienes.