Contexto en el Frente Oriental
A finales de 1915, el ejército austrohúngaro, apoyado por tropas alemanas, había empujado a los rusos hasta Polonia y la Galicia occidental (actual Ucrania). El ejército ruso sufría enormes pérdidas y el zar Nicolás II, que teóricamente se había hecho cargo del mando, estaba totalmente ajeno a la realidad militar.
El zar recibía consejos de su esposa, influenciada a su vez por el polémico Rasputín, lo que lo llevaba a decisiones desastrosas.
Las fuerzas involucradas
En la zona sur del frente gallego, el Ejército Austrohúngaro nº 7, comandado por el general Karl von Pfancher‑Baltin, se enfrentaba a dos ejércitos del Frente Suroeste ruso bajo el mando del general Ivanov: los ejércitos nº 7 y nº 9, dirigidos por los generales Sherbachev y Letchitsky.
El plan ruso
El ejército ruso nº 9 decidió atacar el extremo sur de la línea austrohúngara, en el sector del VIII Cuerpo de Ejército del general Korda, con el objetivo de presionar a Rumanía para que se uniera a la Entente. El cuerpo austrohúngaro estaba agotado por combates anteriores y compuesto mayormente por reservistas mayores.
El ataque ruso, iniciado el 23 de diciembre de 1915, contó con cuatro divisiones de infantería (64 batallones) y una gran cantidad de artillería.
La respuesta austrohúngara
Conociendo la debilidad de sus tropas, el general von Pfancher retiró a sus hombres de la primera trinchera y los reubicó en la segunda línea. Concentró unos 100 cañones y obuses en tres grupos de “intervención”, marcando previamente los campos de tiro para cubrir los ejes por donde los rusos tendrían que avanzar.
El desarrollo de la ofensiva
El 27 de diciembre, después de una ligera ganancia de terreno, los rusos lanzaron su ataque principal. Sin embargo, la artillería rusa siguió disparando contra la línea vacía mientras la infantería avanzaba, recibiendo una devastadora lluvia de fuego de los cañones austrohúngaros.
Los soldados rusos vieron cómo sus compañeros eran despedazados; la ofensiva se detuvo de inmediato. Los siguientes intentos (28 y 29 de diciembre) fracasaron por la falta de coordinación entre artillería e infantería.
La masacre del 28‑31 de diciembre
El general Ivanov ordenó al ejército nº 7 atacar al VI Cuerpo Austrohúngaro al norte. Entre el 28 de diciembre y el 1 de enero de 1916, la ofensiva resultó catastrófica: unas 18 000 bajas rusas (muertos, heridos o capturados) frente a apenas 800 austríacos.
Un oficial ruso describió la situación: “Avanzamos 1 500 m bajo fuego de artillería enemiga; a 500 m fuimos asaltados por ametralladoras y fusiles. Las trincheras estaban intactas y protegidas por diez filas de alambre de púas”.
El último intento y la retirada
El 11 de enero de 1916, la 9ª Armada rusa logró penetrar la posición austrohúngara, pero una división entera fue aniquilada. Días después, la infantería rusa alcanzó la línea de artillería austríaca, solo para ser «exterminada por el fuego de su propia artillería» debido a una terrible falta de coordinación.
Los austrohúngaros contraatacaron y recuperaron el terreno perdido.
Consecuencias
A pesar del desastre, el zar Nicolás II ordenó continuar la ofensiva. Finalmente, su estado mayor le convenció de su inutilidad y la campaña se detuvo.
Las cifras finales fueron abrumadoras: aproximadamente 30 000 bajas austrohúngaras frente a casi 100 000 rusas.