
Logística aérea estadounidense
El suministro logístico de Estados Unidos se realizó mediante cargueros y la flota del Military Airlift Command (MAC), compuesta principalmente por C‑141 “StarLifter”. Los C‑130 realizaban la mayor parte de los transportes tácticos, mostrando una eficiencia notable en esta tarea.
Una numerosa flota de helicópteros, sobre todo del Ejército de EE. UU., garantizaba el aprovisionamiento del frente, la evacuación de heridos y la repatriación de aviones o cualquier vehículo dañado que pudiera ser recuperado. Con el tiempo, los helicópteros también participaron directamente en los combates.
Helicópteros destacados
El Huey fue el más utilizado; el CH‑47 Chinook realizaba transportes pesados, especialmente de aviones dañados, tarea que pronto pasó al CH‑54 “Skycrane” para las cargas más pesadas.
El ligero OH‑6 Cayuse de Hughes se ordenó en gran número para observación. En 1966 Lockheed inició los estudios del Advanced Aerial Fire Suppression System (AAFSS), que dio origen al extraordinario AH‑56 “Cheyenne”. Este helicóptero de ataque, capaz de alcanzar 400 km/h y fuertemente armado, resultó tan complejo y costoso como un B‑52, lo que llevó a su abandono.
En lugar del “Cheyenne”, se fabricaron miles de versiones de ataque Huey‑Cobra. Sus críticos siempre argumentaron que el modelo de dos asientos era demasiado caro y vulnerable al fuego enemigo bajo ciertas condiciones.
El terror del B‑52
El Viet Cong aprendió a ocultarse cuando los helicópteros se acercaban y a reaparecer cuando éstos se retiraban sin éxito, una típica táctica guerrillera. Sin embargo, frente a ellas no había defensa contra el arma que más temían: el B‑52.
Los primeros modelos Stratofortress (B‑52D y B‑52F) estaban camuflados con superficies superiores en verde y marrón irregular y la inferior en negro mate. Entraron en combate en junio de 1965 desde Guam y en mayo de 1966 desde Tailandia. Cada B‑52 podía transportar hasta 108 bombas (24 de 370 kg y 84 de 245 kg) y lanzaba su carga desde altitudes muy altas mediante localización electrónica.
El sonido de su aproximación era prácticamente inexistente; los bombarderos eran casi invisibles e imposibles de identificar. Así, el Viet Cong vivía bajo la constante amenaza de una lluvia de bombas que no escuchaba ni veía, lo que minó gravemente la moral de las tropas comunistas.
Apoyo aéreo adicional
En varias ocasiones, cazabombarderos como los B‑66 realizaron misiones similares a las de los B‑52, lanzando sus bombas desde más de 5 000 m. Los B‑66 también actuaron como observadores FAC y, en versiones de guerra electrónica, acompañaron los bombardeos sobre el norte de Vietnam.
Una flota de KC‑135 proporcionó reabastecimiento en vuelo a cazas y aviones de ataque, extendiendo su tiempo de operación más allá del alcance del combustible disponible para regresar.
Reconocimiento y guerra electrónica
Las misiones de reconocimiento fueron llevadas a cabo por diversos aviones. El más avanzado fue el RA‑5C “Vigilante”, operado desde portaaviones, capaz de realizar vigilancia electrónica del objetivo y cubrir amplios sectores del sur y norte de Vietnam.
El reconocimiento táctico correspondía al RF‑4C “Phantom” y al RF‑101 “Voodoo”. El OV‑1 “Mohawk” se encargaba de la vigilancia del campo de batalla, equipado con SLAR (Side‑Looking Airborne Radar) y MTD (Moving Target Detection) para localizar objetivos mínimos, como un hombre en movimiento.
La recopilación electrónica y el bloqueo se volvieron cada vez más cruciales a medida que crecían las capacidades norvietnamitas. Aviones como el RB‑57, RA‑3B “Skywarrior”, EA‑6A “Prowler” (versión especial del A‑6 “Intruder”), EB‑66 y hasta el RC‑47 “Dakota” fueron adaptados para estas tareas, demostrando su versatilidad en todo tipo de misiones.