
Primeras técnicas de bombardeo
Al principio, los aviones utilizaban sus armas a bordo, cuando las tenían, y bombas convencionales conocidas como "bombas de hierro" (caída no dirigida). La mayor parte del equipo era obsoleto. Lanzar bombas a velocidades muy altas resultaba extremadamente peligroso: en tres segundos la aeronave podía colisionar, explotar o ser alcanzada por sus propias bombas. Por ello, era imprescindible contar con nuevo armamento, y se empezaron a emplear misiles guiados.
Misiles guiados y la amenaza antiaérea
El primer misil de este tipo fue el "Bullpup", aunque ya llevaba diez años de servicio. Podía ser disparado desde helicópteros o aviones, pero necesitaba guía continua hasta el objetivo. Al inicio la oposición antiaérea era escasa, pero en 1966 los soviéticos instalaron un amplio sistema de varios miles de armas automáticas y sitios de misiles superficie‑a‑aire, que se volvió cada vez más eficaz y peligroso. Además, 2 000 soldados disparando, incluso solo con rifles, contra una aeronave a baja altura podían causar graves daños. La necesidad de guiar el Bullpup exponía al avión a fuego enemigo durante períodos prolongados; se admitió oficialmente que "el daño causado por ciertos misiles podía ser el doble que el de los ataques en picado o a baja altura".
Bombardeos convencionales y de napalm
Para lanzar bombas convencionales, los jets realizaban pasadas a 720‑780 km/h, en picados de entre 25° y 60°. Las bombas de napalm se dejaban caer a altitudes muy bajas, entre 60 y 80 m. En la mayoría de misiones de apoyo terrestre, sobre todo cuando los enemigos estaban cercanos, era indispensable contar con un FAC (Forward Air Controller) para identificar al objetivo y dirigir el ataque.
El rol del FAC
El FAC podía estar en tierra, pero con mayor frecuencia operaba desde un Cessna O‑2 u otro avión ligero. Aunque el FAC atraía el fuego enemigo sobre sí mismo, su función principal era localizar el objetivo, marcarlo con humo o cohetes y establecer la distancia exacta a la que la aeronave atacante debía soltar sus bombas o cohetes. Esta labor era extremadamente arriesgada. Más tarde, el Cessna O‑2, equipado con dos motores de hélice, se convirtió en la aeronave estándar para estas misiones. Además, el FAC realizaba tareas de guerra psicológica: lanzaba panfletos, operaba altavoces y proyectores, entre otras actividades.
Evolución del FAC en 1968
A partir de 1968, la labor del FAC la asumían a menudo pilotos de cazabombarderos que conocían al detalle el terreno y detectaban rápidamente anomalías topográficas o vegetativas que indicaban la presencia de enemigos camuflados. Los FAC utilizaban principalmente F‑100, F‑4 y la versión de dos asientos del Skyhawk, el TA‑4J, que resultaba muy eficaz para esta misión. Estos pilotos experimentados podían responder a una llamada del suelo en cuestión de minutos y dirigir un ataque devastador contra el objetivo señalado.