Historia antigua

El dodo: de Mauricio al País de las Maravillas

El dodo: de Mauricio al País de las Maravillas
Raphus cucullatus, o dodo. Modelo de cera y yeso, mediados del siglo XIX, Museo Nacional de Historia Natural, París • WIKIMEDIA COMMONS

Ubicada en el Océano Índico, a 900 km al este de Madagascar, Mauricio permaneció deshabitada hasta 1598, cuando los holandeses la colonizaron y la nombraron en honor a su príncipe Mauricio de Nassau. Comerciantes árabes ya la habían avistado en el siglo X y, al llegar los portugueses en 1507, observaron aves de pico enorme, incapaces de volar y fáciles de abatir con un garrote; los llamaron dod-oersen o dadares, “pájaros dormilones”.

Un “pájaro repugnante”

La flora y fauna de esta isla volcánica evolucionaron aisladas del continente africano. Sin depredadores naturales, el dodo (Raphus cucullatus) se adaptó a una vida terrestre: se alimentaba de frutas, mariscos, insectos y semillas que rompía con su potente pico. Acumulaba abundantes reservas de grasa durante la temporada húmeda para sobrevivir a la escasez de la estación seca.

Durante unos veinte años, los holandeses establecieron el fuerte Frederik Hendrik en la costa este, que servía de repostaje a los barcos rumbo a las Indias Orientales. Alrededor del fuerte introdujeron cultivos de limón, naranja y caña de azúcar, además de perros, gatos, cerdos, cabras, vacas, ciervos y monos.

En los bosques de ébano que los colonos intentaron explotar vivía el dodo, al que los holandeses apodaron Walghvogel, “pájaro repugnante”, por su carne considerada incomible. El almirante Wybrand van Warwijck escribió en su diario de 1598: “Cuanto más se cocina, menos tierno y más insípido se vuelve”.

El camino del dodo

El dodo no desapareció por los colonos, sino por los cerdos y ratas que llegaron en sus barcos y atacaron los nidos en el suelo, sin defensa alguna. El último avistamiento data de 1662 y la extinción se sitúa alrededor de 1690.

Su recuerdo perduró gracias a Lewis Carroll, que en 1865 lo inmortalizó como personaje literario en Alicia en el País de las Maravillas. La expresión inglesa go the way of the dodo (“seguir el camino del dodo”) se popularizó para aludir a la desaparición de una especie a causa del ser humano.

Reconstruyendo al dodo

Durante mucho tiempo el dodo quedó envuelto en misterio, pues solo se contaba con relatos de viajeros, dibujos y pocas piezas óseas. Hasta mediados del siglo XIX, apenas se conocían un cráneo y una pata en Oxford, otra pata en Londres y algunos cráneos dispersos en Praga y Copenhague.

Una especie candidata a la clonación

En 1865, el naturalista George Black descubrió más de 300 huesos de dodo en el sureste de Mauricio. El único esqueleto completo se halló en una cueva cercana al monte Pouce. El estudio de estos restos ha cuestionado la imagen tradicional del dodo como un “pichón gordo y torpe” que popularizó la pintura de Roelant Savery (1626). Grabados de la época colonial sugieren que el ave era más esbelta, posiblemente basada en ejemplares forzados a comer por los colonos y enviados a Europa.

Desde que se secuenció su genoma en 2016, el dodo forma parte de los candidatos para la clonación. Como símbolo de la extinción provocada por el hombre, ¿podría algún día este curioso ave volver a poblar su hábitat en Mauricio?

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