Historia antigua

El Londres de Charles Dickens

El Londres de Charles Dickens
Charles Dickens, fotografiado en 1867 por Jeremiah Gurney. Londres en el siglo XIX. Fuente: Wikimedia Commons / iStockphoto

Charles Dickens fue el cronista más fiel de la Londres de su tiempo, mostrando tanto el brillo de la modernidad como la oscuridad de la pobreza infantil y la explotación laboral.

Una ciudad implacable para los pobres

Aunque nació en Portsmouth, Dickens se mudó a Londres a los diez años, cuando su familia se instaló en una casa de ladrillo amarillo en Bayham Street, distrito de Camden. En aquel momento Camden era un barrio de clase media, hogar de comerciantes y profesionales, y no el “pobre suburbio” que sugiere el adjetivo "dickensiano".

En 1823 la familia se trasladó a una vivienda más grande en North Gower Street, cerca de Euston. Allí, la vida resultó mucho más cara y la familia, que ya contaba con siete hijos, empezó a sufrir dificultades económicas.

En David Copperfield Dickens retrata a Mr. Micawber, inspirado en su propio padre, como el optimista que siempre cree que "el ingreso anual es 20 libras; el gasto anual es 19 libras 19 chelines 6 peniques; resultado: felicidad". La realidad de la familia Dickens pronto se acercó al segundo caso, donde el gasto supera al ingreso y la miseria se instala.

Para la clase alta Londres ofrecía teatros, trenes, el metro, telégrafo y electricidad; para los pobres, jornadas de 12 horas por salarios que a menudo ni siquiera cubrían una cama.

En una habitación cerca de la fábrica

A los 12 años, para ayudar a pagar las deudas familiares, Dickens fue sacado de la escuela y enviado a trabajar a la fábrica de zapatos de Warren, ganando seis chelines semanales. Poco después, su padre fue encarcelado por una deuda de 40 libras 10 chelines y la familia tuvo que abandonar su vivienda en North Gower.

El joven Charles se quedó solo en una habitación cercana a la fábrica, mientras sus parientes fueron trasladados a la infame prisión de deudores Marshalsea, situada a orillas del Támesis. En la Inglaterra del siglo XIX, los deudores podían ser encarcelados hasta que pagaran su deuda, y las cárceles privadas obligaban a los presos a pagar su propia manutención, empeorando su situación.

En Marshalsea los prisioneros vivían en celdas de hasta 12 personas, sin calefacción y con escasas condiciones sanitarias. Sólo los que podían pagar tenían acceso a bares, restaurantes y la posibilidad de salir durante el día.

Unos pocos chelines para vivir

La explotación infantil era una práctica común. Dickens recuerda: "Sé demasiado bien cómo funciona el mundo y aún me sorprende lo fácil que fui abandonado a los diez años". No fue hasta 1833 que el Parlamento británico prohibió la contratación de niños menores de nueve años.

A los 15 años, Dickens consiguió trabajo como asistente en el despacho legal Ellis & Blackmore, ganando 12 chelines semanales, cifra que pronto aumentó a 30. Con ese dinero empezó a disfrutar de los placeres que Londres ofrecía a un joven: teatro, cenas ocasionales y recorridos por la ciudad.

Primeros pasos en la escritura

Familiarizado con los tribunales de Holborn, Fleet Street, el Strand y Chancery Lane, Dickens describió los Inns of Court como "lugares viejos y extraños, llenos de callejones y pasillos". Estos escenarios aparecen recurrentemente en sus novelas.

Su primera obra importante, The Posthumous Papers of the Pickwick Club, surgió de sus relatos cortos publicados bajo el seudónimo "Boz". El personaje de Sam Weller, un sirviente cockney con un conocimiento enciclopédico de Londres, impulsó la popularidad del libro.

El escritor errante

Dickens recorría la capital a pie entre 8 y 40 km al día, a un ritmo de más de 7 km/h, y gran parte de sus paseos eran nocturnos debido a su insomnio. Desde Charing Cross hasta Whitechapel, cruzaba barrios de lujo, mercados, burdeles y zonas marginales, absorbiendo cada detalle que después plasmaba en sus novelas.

Le gustaba vestir con ropa colorida y de corte atrevido, reflejo de la moda regencia que precedía al estilo victoriano. Para él, Londres era una "linterna mágica" que alimentaba su imaginación.

Londres en transformación

Durante el siglo XIX la ciudad experimentó una explosión demográfica: de 1 millón de habitantes en 1800 pasó a 6,5 millones a finales del siglo, y el número de viviendas se multiplicó de 136 000 a más de 6 millones.

Muchos de los lugares descritos por Dickens han desaparecido, pero aún se pueden visitar la casa de 48 Doughty Street (actual Museo Charles Dickens) y varios pubs que frecuentaba, como el George Inn, Ye Olde Cheshire Cheese y The Grapes en Limehouse.

Conclusión

El legado de Dickens radica en haber llevado a la clase alta de su época a conocer la otra cara de Londres, aquella que ellos mismos evitaban. Su obra sigue invitando a los lectores a explorar esa ciudad de contrastes, donde la riqueza y la miseria estaban a solo una calle de distancia.

Más información
Charles Dickens, de Jean‑Pierre Ohl, Gallimard (Folio), 2011.
Obras completas (9 vol.), Charles Dickens, Gallimard (La Pléiade), 1956.