El mito de Atlas
Atlas, uno de los titanes de la mitología griega, hijo de Jápeto y Clímene y hermano de Prometeo, fue condenado por Zeus a sostener la bóveda del cielo (la esfera celeste) sobre sus hombros por la eternidad.
Heródoto afirmaba que Atlas era una montaña en Libia, en el norte de África. 
Diodoro Sículo, por su parte, describía a Atlas como un legendario rey de Mauritania, matemático y astrónomo, que descubrió la esfericidad de los astros y construyó la primera esfera celeste. Por ello, habría sido deificado bajo la figura mitológica del titán.
El cartógrafo Mercator rindió homenaje a este rey libio nombrando su obra Atlas, Sive Cosmographicae Meditationes De Fabrica Mundi, publicada en 1595, y que dio origen a los modernos atlas.
El Atlas Farnesio
De todas las representaciones escultóricas de Atlas realizadas en la época grecorromana, la más antigua que ha sobrevivido es el Atlas Farnesio. Se trata de una copia romana de un original helenístico perdido, realizada en el siglo II d.C. (alrededor del año 150) y conservada hoy en el Museo Arqueológico de Nápoles.
La estatua mide 2,1 m de altura; la esfera que sostiene el titán tiene 65 cm de diámetro. Además de ser la escultura más antigua de Atlas conocida, destaca porque muestra la primera representación documentada de la esfera celeste.
La esfera celeste representada
En la esfera se observa el cielo nocturno tal como se vería desde el interior del dial, con relieves de 41 de las 48 constelaciones clásicas listadas por Ptolomeo en el siglo I d.C., entre ellas Aries, Cygnus y Hércules. 
Origen del modelo astronómico
El dial, que el escultor romano copió con algunas imprecisiones del original griego, parece estar inspirado en un catálogo escrito con antelación. Según el profesor Bradley E. Schaefer (Universidad de Luisiana), el modelo se basó en el Catálogo de estrellas compilado por Hiparco de Nicea en 129 a.C.
El catálogo de Hiparco contenía la posición y coordenadas elípticas de 850 estrellas distribuidas en 48 constelaciones. Al comparar estos datos con los del primer catálogo occidental, elaborado por Timócrates de Alejandría unos 150 años antes, Hiparco detectó cambios en la posición estelar, lo que le llevó a descubrir la precesión de los equinoccios, es decir, la variación en la orientación del eje terrestre.
No se conserva copia del catálogo de Hiparco; sólo quedan descripciones en su obra Comentarios. Por ello, el valor del Atlas Farnesio, que literalmente nos muestra ese catálogo perdido, resulta incalculable.