
Un día de entrenamiento en Harnai
Una playa de arena fina, bordeada de cocoteros, donde el oleaje se rompe en poderosas crestas. Nos encontramos en Harnai, un pequeño pueblo pesquero al sur de Bombay, instalados en un antiguo fuerte a orillas del mar para iniciar nuestro curso marítimo.
El contexto bélico
Las fuerzas británicas en el Lejano Oriente acaban de recibir los cuatro motores “Liberator”, que permitirán lanzar paracaidistas a Malasia o Indochina. Hasta ahora, los comandos se introducían mayormente por submarino en territorios ocupados por Japón, la única vía viable más allá de Singapur o la cordillera de Annam.
Entrenamiento en señalización y desembarco
Aprendemos a intercambiar señales con el submarino, a fijar puntos de encuentro exactos y a desembarcar de noche, pese al fuerte oleaje. Remamos y pagamos durante horas contra corrientes violentas, y practicamos natación bajo el sol antes de iniciar la jornada.
Surf, botes plegables y supervivencia
Durante los ocho primeros días el entrenamiento se centra en surfear con botes plegables. Cada ola, o “barra”, se compone de varias crestas sucesivas que vuelcan cualquier embarcación mal orientada. La clave es mantener el bote perpendicular a cada ola que lo golpea por detrás; de lo contrario el bote gira, las remos se pierden y el equipo queda disperso. Si logramos cruzar tres o cuatro olas seguidas, el bote sale disparado a gran velocidad, lanzándonos a más de cincuenta metros de la orilla.
En la tarde, hasta las 17 h, remamos o pagamos para recuperarnos; los brazos duelen por el esfuerzo. Varias veces a la semana cruzamos el estrecho entre la isla y la costa, donde el mar está siempre agitado. Equipamos los botes con tubos de aire para mayor seguridad.
Operaciones nocturnas
Dos o tres veces por semana, tras remar todo el día, volvemos a salir a las 21 h y no regresamos hasta después de las 2 a.m. Realizamos ejercicios de rendez‑vous en costas lejanas, recuperamos equipos flotantes siguiendo azimutes precisos y, a menudo, bajo fuego.
Los entrenamientos nocturnos continúan en la isla: nos acercamos a la costa rocosa y escarpada, rompiendo remos y evitando a los centinelas. La rutina se repite: natación, surf, remo, surf, natación y ejercicios nocturnos.
Ejercicio final y misión
El curso culmina con un ejercicio combinado: en plena noche, navegamos río arriba desde el pueblo pesquero, desembarcamos sin ser vistos, ascendemos la montaña hasta la vía férrea y la saboteamos colocando arcilla modelada con alambres, detonadores y cabezas de explosivo, todo sin polvo. Luego regresamos por otra ruta, recuperamos nuestras canoas y nos retiramos.
Con la policía local y voluntarios alerta, la operación exige sigilo extremo. Tras Harnai, los cursos nos llevan a todos los rincones del subcontinente indio; ahora nos encontramos bajo el agobiante calor del verano de Bengala.
Calcutta y la preparación final
Nuestra residencia está en un parque amurallado a unos 20 km del centro de Calcuta. En los momentos de ocio nadamos en las aguas estancadas y fangosas del Hoogli, afluente del Ganges, donde flotan troncos, ramas, ratas, perros muertos y, a veces, cadáveres.
Hasta ahora hemos aprendido a sobrevivir en la selva y a dominar técnicas de combate de comando. Ahora debemos entrenar también la organización y la lucha verbal, pues la misión detrás de las líneas japonesas no solo consistirá en emboscadas y sabotajes, sino también en crear guerrillas, liderar maquis y movilizar a la población contra el ocupante.