
Reina Victoria fotografiada por Alexander Bassano en 1887 • WIKIMEDIA COMMONS
Victoria reinó sobre el Reino Unido desde 1837 hasta 1901, 63 años y siete meses, un récord que perduró hasta que la actual monarca, Isabel II, lo superó. Su largo mandato está asociado a la época de mayor apogeo británico, cuando la civilización inglesa imponía sus leyes y costumbres al resto del planeta.
Una juventud austera
Hija del duque de Kent, cuarto hijo del rey Jorge III, y de la princesa alemana de Sajonia‑Coburgo, la pequeña Victoria no estaba destinada a ser soberana. Nacida en 1819, ocupaba el quinto lugar en la línea sucesoria. La muerte prematura de su padre a los 12 meses y el fallecimiento de dos tíos la convirtieron, en 1830, en la heredera presunta del rey Guillermo IV, quien no tenía descendencia directa. Criada por su madre, la duquesa de Kent, describió su infancia como “triste” y “melancólica”.
En el Palacio de Kensington, la duquesa la mantuvo alejada de otros niños, bajo un rígido “sistema Kensington” que pretendía aislarla. Solo la amistad de su institutriz Louise Lehzen le ofreció un refugio frente a la opresión moral y protocolaria.
La reina se traslada a Buckingham
El 20 de junio de 1837, a los 18 años, Victoria accedió al trono tras la muerte de su tío Guillermo IV. Uno de sus primeros actos fue despedir a su madre y abandonar el sombrío Kensington para instalarse en el Palacio de Buckingham. El contexto era complejo: heredaba una monarquía desacreditada por la enfermedad mental de Jorge III y los escándalos de sus hijos, y enfrentaba una sociedad marcada por la rápida industrialización, la pobreza extrema y frecuentes revueltas.
Durante sus primeros años, contó con la guía del primer ministro Lord Melbourne, quien le inculcó una sensibilidad liberal. En 1839, durante la “crisis del dormitorio”, Victoria se opuso al conservador Robert Peel, que quería nombrar damas de honor afines a su ideología. Así, la joven monarca ganó popularidad y devolvió dignidad a la corona británica.
Albert, el compañero ideal
El gran punto de inflexión fue su matrimonio con su primo, el príncipe Alberto de Sajonia‑Coburgo, en febrero de 1840. Victoria quedó fascinada por la “belleza fascinante” del príncipe alemán y describió que “tiene todas las cualidades que me harían perfectamente feliz”. A pesar de sus diferencias –Alberto era más serio y estricto–, su unión sentó las bases de la monarquía familiar que tanto identificó al pueblo británico.
Entre 1840 y 1857 la pareja tuvo nueve hijos, cuyas alianzas matrimoniales enlazaron a las casas reales de Europa: su hija mayor, Victoria «Vicky», se casó con el príncipe Federico de Prusia, progenitor del futuro emperador Guillermo II; su nieta Alix se casó con el zar Nicolás II; otra nieta, Victoria‑Eugenia, con el rey Alfonso XIII de España, entre otras. Por ello Victoria recibió el apodo de “abuela de Europa”. Sin embargo, también transmitió el gen de la hemofilia a varias casas reales.
Relaciones cordiales con Napoleón III
La mitad del siglo XIX marcó el apogeo de la Inglaterra victoriana. El 1.º de mayo de 1851, la pareja real inauguró la primera Exposición Universal en el Crystal Palace de Hyde Park, símbolo de la supremacía industrial británica y promotora de la paz y el libre comercio.
Victoria nunca cuestionó la naturaleza parlamentaria del gobierno, pero sí intervino en la designación de primeros ministros y expresó sus opiniones en la política exterior. Mantuvo relaciones amistosas con el emperador francés Napoleón III; en 1855 visitaron juntos la Exposición de París y asistieron a un gran baile en Versalles que consolidó la amistad entre ambas naciones.
Duelo, depresión y reclusión
La muerte de Alberto en diciembre de 1861, a causa de una fiebre tifoidea, sumió a Victoria en una profunda depresión. Se retiró al castillo de Windsor, aislándose y considerando incluso la abdicación. Su relación con el sirviente escocés John Brown, antiguo valet de Alberto, alimentó rumores de un posible matrimonio secreto y dañó temporalmente su popularidad.
Con el tiempo, la reina volvió a la vida pública. En 1866 abrió la sesión del Parlamento y, al año siguiente, apoyó la reforma electoral liderada por los conservadores Lord Derby y Benjamin Disraeli, quien se convirtió en su aliado político.
Jubileos de oro y diamante
Disraeli logró que en 1876 el Parlamento aprobara el Royal Titles Act, proclamando a Victoria Emperadora de la India. Así, además de reina de Canadá y Australia, llegó a gobernar a más de 350 millones de personas, un cuarto de la población mundial. La monarca estudió hindi y urdu y rodeó su corte de sirvientes indios.
Los jubileos celebraron su longevidad: el Jubileo de Oro en 1887 y el de Diamante en 1897, ambos marcados por desfiles, banquetes y manifestaciones de afecto popular.
Últimos años y legado
Enferma de reumatismo y cataratas, Victoria falleció el 22 de enero de 1901 en su residencia de la Isla de Wight, acompañada por su hijo mayor Eduardo y su nieto, el Kaiser Guillermo II. Su funeral, de carácter militar, se celebró en la capilla del Castillo de Windsor, donde fue enterrada junto a Alberto.
Su muerte cerró una era. Aunque Gran Bretaña siguió siendo una potencia, el ascenso industrial de Alemania y la expansión económica de EE. UU. anunciaron nuevos equilibrios. El legado victoriano —industria, banca, flota, idioma y valores de estabilidad— quedó como símbolo de una época de dominio global.
Bibliografía
Victoria, Reina de Inglaterra, P. Chassaigne, Gallimard, 2017.
Línea de tiempo
1819 – Nace el 24 de mayo en el Palacio de Kensington.
1837 – Accede al trono el 20 de junio y es coronada en 1838.
1840 – Se casa con Alberto el 10 de febrero; tienen nueve hijos.
1861 – Alberto muere el 14 de diciembre; Victoria entra en luto.
1868‑1894 – Alternan en el gobierno Disraeli (conservador) y Gladstone (liberal). Victoria se lleva bien con Disraeli y desprecia a Gladstone.
1877 – El 1.º de enero, tras la iniciativa de Disraeli, es proclamada Emperadora de la India en el Gran Durbar de Delhi.
1901 – Muere el 22 de enero; su reinado, el más largo de la historia británica, es superado por Isabel II.
Curiosidades
El “Bertie” descontrolado – Albert Edward, apodado Bertie, vivió 60 años sin reinar, dedicándose a una vida disoluta que escandalizó a sus padres. Al ascender al trono en 1901, inauguró la era eduardiana, famosa por los sombreros Panamá y el tejido Prince of Wales.
Balmoral, refugio escocés – El castillo de Balmoral, favorito de Victoria y Alberto, se convirtió en el escenario de la moda escocesa, del tartán y de los viajes de caza. La reina describía el lugar como “un remanso de paz y libertad”.