
La cirugía fallida de Horace Wells recreada en un grabado vintage • ALAMY STOCK PHOTO
El dolor y la enfermedad han acompañado al ser humano a lo largo de su historia, pero no fue sino hasta mediados del siglo XIX que la lucha contra el sufrimiento empezó a dar resultados concretos.
A finales de diciembre de 1844, Gardner Colton, un estudiante de medicina fracasado que se hacía pasar por profesor, llegó a Hartford, una pequeña ciudad entre Boston y Nueva York. Allí organizó una conferencia para sorprender al público mostrando los efectos de un gas, el óxido nitroso, más conocido como "gas de la risa".
Una persona herida que no siente dolor
Los participantes que inhalaban el gas soltaban carcajadas y se movían con lentitud. Entre la audiencia estaba Horace Wells, un dentista local de renombre. Observó que uno de los asistentes se cayó y se lesionó la pierna, pero no mostraba señal de dolor. Wells tuvo una idea brillante: usar ese gas para extraer dientes sin que el paciente sintiera nada.
Al día siguiente convenció a Colton de administrar el óxido nitroso mientras un colega le sacaba una muela del juicio que le molestaba desde hacía tiempo. Como esperaba, Wells no sintió dolor durante el procedimiento. Ese 11 de diciembre de 1844 marcó una fecha decisiva en la historia de la ciencia. Tras familiarizarse con el óxido nitroso, Wells realizó varias extracciones indoloras en distintos pacientes.
En enero de 1845, entusiasmado, informó de sus avances a William Morton, antiguo aprendiz en Boston, y también consultó al químico más prestigioso de la ciudad, Charles Thomas Jackson, quien consideró el método extremadamente peligroso.
El primer corte fallido
Wells y Morton llevaron su demostración a la Escuela de Medicina de Harvard. El doctor John Warren organizó una exhibición en el anfiteatro del Hospital General de Massachusetts, donde era cirujano jefe. Wells estaba listo para mostrar los efectos del óxido nitroso a la comunidad médica, pero el gas se administró de forma incorrecta. El paciente, un joven con caries, gritó de dolor al primer corte del bisturí. Los estudiantes abuchearon a Wells, tildándolo de charlatán.
Morton, mientras tanto, continuó sus experimentos con otro anestésico: el éter. El 30 de septiembre de 1846, tras varios intentos fallidos, utilizó éter de azufre para extraer sin dolor una muela de Eben Frost, un músico de Boston.
El éxito de la cirugía de William Morton impulsó a los médicos a preferir el éter sobre el óxido nitroso para inducir el sueño.
Dos semanas después, el doctor Warren aceptó que Morton probara el nuevo anestésico en su hospital. El escenario volvió a ser el anfiteatro: el paciente, Gilbert Abbott, un joven de 17 años con un tumor en el cuello, ya estaba inmovilizado y los asistentes golpeaban el suelo con impaciencia. Abbott inhaló el éter y, tras unos minutos, quedó dormido. El cirujano realizó la operación con éxito y, al concluir, declaró solemnemente: "Señores, esto no es charlatanería".
El 16 de octubre de 1846 quedó registrado como el día de la invención de la anestesia, eclipsando el precedente de Wells. Este último, tras seguir experimentando con gases, utilizó cloroformo el 24 de enero de 1848 y, poco después, se quitó la vida cortándose una arteria.
Línea de tiempo
- Alrededor de 1800: El químico inglés Humphry Davy percibe el potencial anestésico del óxido nitroso, pero no avanza en sus experimentos.
- 1844: Horace Wells observa los efectos anestésicos del óxido nitroso y extrae molars sin dolor.
- 1845: Tras el fracaso de Wells en Harvard, William Morton continúa su investigación, pero con éter.
- 1846: En la primera cirugía anestesiada de la historia, Morton extrae con éxito un tumor mandibular de un paciente dormido.