Historia antigua

Política interna de Felipe IV

Política interna de Felipe IV

Fortalecimiento de la autoridad real

En el interior del reino, Felipe IV, asistido por sus abogados, buscó consolidar la autoridad monárquica de forma similar a la de sus predecesores. Enguerrand de Marigny, jefe de la administración real, trabajó incansablemente para ampliar el poder del rey, considerándose a sí mismo “naturalmente” en la cúspide de la pirámide feudal. Felipe creía que su autoridad debía descender hasta el último vasallo.

Reorganización de la Curia Regis

El monarca intervino en todos los niveles de la pirámide feudal para proteger a los vasallos de sus señores directos, enviando oficiales cuando surgían conflictos entre suseranos y vasallos. La antigua Curia Regis se dividió en tres cámaras especializadas: el Gran Consejo, el Parlamento y la Cámara de Cuentas, transformación que se completó bajo su reinado.

Diversas ordenanzas —la de 1291, la gran ordenanza de 1303 y la de 1307— regularon el funcionamiento del Parlamento, que quedó estructurado en tres cámaras: la Gran Cámara y dos Cámaras de Peticiones, una en lengua de “oïl” y otra en lengua de “oc”. La cancillería y el Hôtel le Roi también se expandieron, proporcionando a Felipe un amplio grupo de consejeros. La Asamblea del reino, compuesta por prelados, barones y representantes de las ciudades, se reunió en abril de 1302 contra el papa y volvería a convocarse posteriormente.

Reformas financieras

Con el objetivo de mejorar el rendimiento económico, Felipe IV, asistido por Nogaret, emprendió una profunda reforma de la administración financiera mediante la ordenanza de 1303. Marigny reorganizó la Tesorería y, el mismo año de la muerte del rey, preparó una importante reforma fiscal que se debatió en los estados convocados en agosto.

Desde su ascenso al trono, Felipe enfrentó graves problemas de liquidez. Continuó la polémica política de sus antecesores contra los judíos, persiguiéndolos y amenazándolos de expulsión si no entregaban sus “ganancias usureras”. En 1306 se ordenó la expulsión de todos los judíos del reino, confiscando sus bienes y entregándolos al monarca. Muchos lograron volver a Francia bajo ciertas condiciones. Los lombardos, prestamistas que financiaban al rey, fueron en su mayoría eximidos, salvo Mouchet y Barbet, que prestaron sumas considerables.

Medidas tributarias y crisis monetaria

Ante la escasez de recursos, se impusieron “subsidios”, centésimos y quincuagésimos, una forma de impuesto sobre la renta, en 1294 y 1296 bajo el pretexto de la defensa del reino. Felipe limitó el derecho de algunos barones a acuñar monedas o poseer cubiertos de oro, lo que desencadenó el conflicto con Bonifacio VIII.

Los consejeros del rey intentaron mejorar la recaudación mediante la suavidad y la persuasión, pero los fondos seguían insuficientes y la población cada vez más descontenta. En 1293 se introdujo una nueva moneda de menor valor que la emitida por San Luis. Tras el desastre en Flandes, se acuñaron nuevos escudos de oro (72 soles 6 deniers) y se devaluó el escudo de plata, beneficiando a los deudores que pagaban en moneda débil lo que habían tomado en moneda fuerte.

Rebelión popular

En París, tras el edicto de 1306 que aumentó los alquileres, los plebeyos asaltaron la casa de Etienne Barbette, responsable de la Casa de la Moneda, y sitiaron al rey en la prisión del Templo durante dos días. El 5 de enero de 1307, veintiocho manifestantes fueron ahorcados. Aun así, Felipe continuó sus ajustes financieros; el “cordero dorado” acuñado en 1311 valía 20 unidades al año siguiente.