
Eugeno de Saboya y la modernización del ejército imperial
Cuando, en 1683, el príncipe Eugenio tomó su primer mando, el ejército del emperador Leopoldo ya mostraba rasgos de modernidad. Esa modernización fue impulsada por el general italiano Montcucoli, quien, tras el fin de la Guerra de los Treinta Años (1648), inició una ardua reforma.
Innovaciones tácticas y de armamento
Montcucoli fue el primer general europeo en comprender que la potencia de la infantería dependía del volumen de fuego y no de la profundidad de sus filas. Redujo la cantidad de escaramuzadores a una quinta parte del número regular y disminuyó la profundidad de los batallones de 8‑10 filas a 5 y, más tarde, a 4.
La infantería quedó equipada con mosquetes de mecha, que tenían una tasa de falla del 50 % y podían disparar aproximadamente una vez por minuto. Los soldados disparaban en parejas o en grupos, a veces todo el batallón a la vez. Estos mosquetes permanecieron en servicio hasta 1710; a partir de 1700 comenzó su sustitución por mosquetes de chispa más fiables.
Junto a los mosquetes, se introdujo la primera bayoneta de tipo «anular», que se fijaba alrededor del cañón y permitía al soldado luchar tanto a distancia como cuerpo a cuerpo.
El papel de Eugenio
Eugenio no fue un reformista en cuanto a tácticas o equipamiento; simplemente supo explotar al máximo la estructura existente, siempre presionando por mejoras. Con energía y sabiduría, cubrió las debilidades del ejército imperial, convirtiendo a cada pieza defectuosa en parte de una máquina perfectamente sincronizada.
El gran desafío del ejército era enfrentarse simultáneamente a dos enemigos muy diferentes: los franceses al oeste y los otomanos al este. La capacidad de adaptarse a ambas situaciones era prácticamente imposible en esa época.
Velocidad y coordinación
Eugenio aportó al ejército una rapidez que hasta entonces le había faltado. Como un director de orquesta, combinó y coordinó los distintos cuerpos, sacando el máximo provecho de cada arma. Su actuación antes de la batalla de Zenda y la campaña relámpago en Italia (1701) demuestran su habilidad para movilizar rápidamente a sus divisiones.
En Zenda, la infantería imperial avanzó tan deprisa que derrotó al enemigo en unas cuatro horas. En Italia, después de cruzar los Alpes Julios, los austríacos se desplazaron con tal velocidad que los franceses no pudieron reaccionar, perdiendo la iniciativa y quedando a la espera de los movimientos enemigos.
La cumbre del éxito: la segunda guerra turca (1716‑1718)
Durante la Guerra de Sucesión Española, Eugenio sirvió bajo el mando del duque inglés de Marlborough, pero su mayor gloria llegó en la segunda guerra contra los turcos. Por primera vez en la historia militar europea reciente, un general utilizó todo su ejército como una fuerza de incursión, lanzando ataques sorpresa.
En la batalla de Belgrado, ejemplo típico del ingenio táctico de Eugenio, el ejército imperial se movió como un solo cuerpo y derrotó a los turcos en menos de una hora, logrando la victoria perfecta que todo comandante anhela.
Elite dragones.
Dragón del 3.º Regimiento.
Husár.
Granadero y tamborilero.
Tirador.