Historia antigua

Helépolis: la gigantesca torre de asedio cuyos restos dieron origen al Coloso de Rodas

Contexto histórico

Tras la muerte de Alejandro Magno, sus vastos dominios se repartieron entre los generales del ejército. Tras una larga lucha, Antígono I Monóftalmos, con el apoyo de Ptolomeo, quedó como el diádoco que controlaba la mayor parte del imperio y sus tesoros. Tras su muerte en combate, su hijo Demetrio, conocido como Poliorcetes ("el asediador de ciudades"), heredó el mando.

Helépolis: la gigantesca torre de asedio cuyos restos dieron origen al Coloso de Rodas

Los primeros años de Demetrio

Desde niño, Demetrio acompañó a su padre en campañas militares, participando en la guerra de los diádocos contra Eumenes de Cardia. A los veintidós años recibió su primer mando, defendiendo Siria de un ataque de Ptolomeo, aunque sufrió una dura derrota en la batalla de Gaza, perdiendo cientos de soldados y elefantes de guerra. Con el tiempo se convirtió en el mejor comandante de su padre, aunque el territorio bajo su control se redujo a aproximadamente un tercio del imperio original.

Rivalidades y conquistas

Tras neutralizar a Ptolomeo y Seleuco, Demetrio dirigió sus ambiciones hacia Atenas, liberándola de la dictadura de Casandro y ganándose el apoyo ateniense. Con la flota que había creado, derrotó a los egipcios en Salamina, victoria que, según algunos historiadores, inspiró la famosa Victoria de Samotracia. Posteriormente, tomó Chipre y fue proclamado co‑rey junto a su padre.

La expedición contra Rodas (305 a.C.)

Rodas, aliada de Egipto, controlaba las rutas comerciales del Egeo. En 305 a.C. Demetrio lanzó una enorme campaña punitiva contra la isla: doscientos barcos de guerra, ciento cincuenta auxiliares, treinta mil soldados y mil mercantes. Sin embargo, la fortaleza de los defensores rodios y su poderosa marina impedían una victoria fácil.

Helépolis: la gigantesca torre de asedio cuyos restos dieron origen al Coloso de Rodas

Para acercarse a la ciudad, los griegos construyeron un puerto provisional y establecieron un campamento que asediaba la isla por tierra, intentando cortar los suministros. Los asaltos frontales fracasaron y, aunque lograron abrir una brecha en las murallas, no pudieron aprovecharla.

Helépolis: la torre de asedio

Demetrio encargó a sus ingenieros la construcción de una serie de máquinas de asedio, entre ellas una gigantesca torre conocida como Helépolis ("conquistadora de ciudades"). Según Diodoro de Sicilia, la torre se basó en un diseño de Epímaco de Atenas utilizado en el asedio de Salamina.

Las descripciones de Diodoro, Díclides de Abdera, Vitruvio y Plutarco indican que Helépolis medía unos cuarenta y cinco metros de altura y dieciocho de ancho, pesaba alrededor de ciento sesenta toneladas y se desplazaba sobre ocho ruedas de tres metros y medio de diámetro, reforzadas con hierro. Un equipo interno de mil hombres la impulsaba, mientras que tres mil cuatrocientos adicionales la empujaban desde fuera tras despejar el camino.

La estructura constaba de nueve pisos, cada uno dedicado a diferentes armas de asedio: catapultas pesadas, medianas y ligeras. En el exterior, la madera estaba cubierta con placas de metal para resistir flechas incendiarias; el frente contaba con persianas plegables y un acolchado de pieles contra proyectiles. Además, la torre llevaba refuerzos de arietes y galerías cubiertas para los ingenieros de asedio.

Helépolis: la gigantesca torre de asedio cuyos restos dieron origen al Coloso de Rodas

Probablemente fue la mayor máquina de asedio jamás construida. Demetrio había planeado construir dos torres y transportarlas a bordo de cuatro navíos, pero la complejidad y el mal tiempo lo obligaron a abandonar la idea y centrarse en el ataque terrestre. Helépolis logró derribar una torre defensiva, pero los rodios repelieron el asalto final.

Los defensores, para evitar que la torre se acercara, inundaron el terreno circundante y, en una incursión nocturna, desprendieron varias placas de hierro para incendiarla. Demetrio tuvo que retirar la máquina para repararla, lo que marcó el inicio del fin de la campaña. Tras un año de asedio, con cinco mil cuatrocientos muertos entre los once mil soldados grecorromanos, los rodios resistieron hasta la llegada de una flota de socorro egipcia y se firmó una paz.

El legado de Helépolis

Cuando los asediadores abandonaron Rodas, dejaron Helépolis al pie de la muralla. En 292 a.C., los rodios vendieron los materiales recuperados y, según la leyenda, cumplieron el deseo de Demetrio de usar el dinero (trescientos talentos) para encargar al escultor Cares de Lindos la construcción de una gran estatua dedicada al dios Helios. Las placas metálicas de la torre se fundieron y formaron parte del interior del Coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo, que desapareció tras un terremoto seis décadas después.