Historia antigua

La leyenda de la Legión Tebana: decimatio por rehusar matar cristianos

Una visita inesperada a Magdeburgo

Si planeas visitar la ciudad alemana de Magdeburgo, probablemente quieras entrar a la catedral. En su interior, en la tumba de Otto I el Grande, encontrarás una estatua poco convencional: un caballero medieval, armado con espada, cota de malla, y sobre todo, de piel negra.

No se trata de una obra políticamente correcta, sino de una representación de San Mauricio, patrón del Sacro Imperio Romano Germánico (cuyo trono ostentó Otto durante once años en el siglo X). Según la tradición, Mauricio fue un oficial egipcio‑romano de la Legión Tebana, decimado por Diocleciano por negarse a luchar contra los cristianos.

La leyenda de la Legión Tebana: decimatio por rehusar matar cristianos

Orígenes de la Legión Tebana

En el siglo III d.C., bajo el dominio romano, Diocleciano creó la provincia de la Tebaid, que abarcaba trece nomos entre Abydos y Asuán. El desierto atrajo a numerosos ermitaños cristianos, entre ellos San Antonio Abad y, más tarde, Pacomio, quien introdujo el monacato en la región.

Pacomio, nativo de Tebas y soldado romano reclutado a la fuerza, evitó el combate y terminó como ermitaño. Mauricio siguió una ruta similar: nacido alrededor del 250 d.C., se alistó voluntariamente y desarrolló una carrera militar.

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¿Qué legiones estaban en la Tebaid?

En esa zona operaban dos guarniciones: la Legio I Maximiana y la Legio II Flavia Constantia, ambas unidades móviles (comitatenses) creadas por Diocleciano. Los relatos hagiográficos cristianos afirman que Mauricio formó parte de la llamada "Legión Tebana", aunque su identificación exacta sigue siendo objeto de debate.

El historiador francés del siglo XIX Amédée Thierry sugiere que la Legión Tebana surgió de la fusión de cuerpos del este, como la Legio XXII Deiotariana, disuelta en la primera mitad del siglo II. Otros expertos, como Charles Robert, proponen la existencia de la III Diocletiana Thebaeorum y la I Maximiana Thebaeorum, creadas por Diocleciano y su César Maximiano.

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El mito de la decimatio

Según la versión tradicional, al menos cuatro oficiales de la legión (Mauricio, Inocencio, Exuperio y Cándido) se convirtieron al cristianismo bajo la influencia del obispo Himeneo. Ante la orden del emperador de perseguir a los cristianos, juraron desobedecer.

En el 285 d.C., el César Maximiano fue enviado a sofocar a los bagaudas, grupos de bandidos y descontentos que amenazaban la frontera de Galia. Se eligió a la Legión Tebana, trasladada ad hoc a la región, para despejar el paso del Gran San Bernardo. Antes de partir, los soldados debían participar en un rito pagano de lealtad al emperador, pero la mayoría eran cristianos coptos y rechazaron la ceremonia.

Enfurecido, Maximiano ordenó una decimatio: cada cohorte de doce hombres debía ejecutar a uno de sus compañeros, seleccionados al azar, mientras los demás pasaban la noche fuera del campamento. La medida, extremadamente severa y rara, se aplicó a toda la legión, y según la leyenda, después se ordenó su aniquilación total.

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Fuentes y controversias

El relato proviene principalmente de una carta del obispo de Lyon, San Eucerio, a otro obispo, Savio, escrita a mediados del siglo IV. Algunos estudiosos la consideran una transmisión literaria de una tradición local, ya que no hay referencias contemporáneas al episodio.

Es posible que solo una escuadra de la legión haya sido castigada, y que los nombres de los cuatro oficiales canonizados se hayan conservado por su martirio. Eucerio menciona que sus restos fueron hallados por Teodolus, primer obispo de Octodurum, quien erigió una basílica para atraer peregrinos.

La peregrinación generó intereses económicos y políticos; en el siglo VI el rey borgoñón Sigismundo donó tierras y financió la construcción de una abadía en el sitio.

Versiones posteriores, como la del monje Otto de Freising en el siglo XII, sugieren que la mayor parte de la legión escapó, o que la decimatio se aplicó solo a una cohorte y no a toda la unidad.

Legado artístico y cultural

La historia de San Mauricio y su legión ha inspirado a numerosos artistas: desde la estatua en la tumba de Otto I hasta obras de Matthias Grünewald, El Greco, Bernini, Tiziano y muchos más. La leyenda también apareció en la martyrología protestante de John Foxe y en relatos populares del Rin.